Hace apenas dos décadas, una familia podía pagar televisión, teléfono y quizá una conexión básica a internet. Hoy, para ciertos hogares, la factura tecnológica es mucho más amplia: internet de mayor velocidad, telefonía móvil, streaming, música, almacenamiento en la nube, videojuegos, aplicaciones y servicios dentro de las redes sociales.
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