Contradicciones. Brasil: las claves del triunfo de Lula y el inicio de una nueva etapa. Por Ricardo Monreal Ávila

Contradicciones. Brasil: las claves del triunfo de Lula y el inicio de una nueva etapa. Por Ricardo Monreal Ávila

He seguido con atención la jornada electoral celebrada en la República Federativa de Brasil. Como mexicano y convencido del valor de la democracia, reconozco los principios constitucionales que orientan nuestra política exterior: la no intervención, la autodeterminación de los pueblos y la solución pacífica de las controversias.

Desde esa convicción, expreso mi satisfacción por el triunfo del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, al tiempo que reconozco el amplio ejercicio democrático del pueblo brasileño.

El triunfo de Lula abre la posibilidad de dar continuidad a un proyecto progresista que reivindica la justicia social, la disminución de las desigualdades y la soberanía nacional. En esta nota examino algunos de los factores que pudieron contribuir al resultado.

Con el 100% de las secciones electorales contadas por el Tribunal Superior Electoral (TSE), la victoria de Lula quedó ratificada con 64,256,232 votos (51.79% de los sufragios válidos), frente a 59,826,041 sufragios (48.21%) obtenidos por Flávio Bolsonaro.

Esta ventaja de 4,430,191 votos representan una auténtica hazaña de movilización ciudadana: el mandatario logró revertir la desventaja de 2.2 millones de sufragios registrada en la primera vuelta, y aumentar su votación en más de diez millones de votos en solo tres semanas.

Entre los factores que contribuyeron al triunfo de Lula destaca el apoyo a las políticas sociales de su gobierno. Lula obtuvo un mayor respaldo entre los sectores de menores ingresos, beneficiarios de varias de estas políticas. Para este grupo poblacional, la continuidad de los programas fue un tema relevante de campaña.

Durante la segunda vuelta, Lula convirtió los beneficios sociales de su gobierno en argumentos a su favor. El 6 de octubre difundió propaganda que vinculaba los resultados electorales con la preservación de programas como Farmácia Popular, Mais Médicos, Pé-de-Meia, el aumento del salario mínimo y las exenciones del impuesto sobre la renta.

Mediante esta estrategia, buscó destacar los resultados de su gestión y establecer un contraste entre su proyecto de gobierno y el de la oposición, a la que presentó como una amenaza para los avances en materia de bienestar social.

La defensa laboral también adquirió visibilidad. La eliminación de la escala laboral 6×1 se aprobó días antes de la segunda vuelta. El 16 de octubre, el Congreso brasileño promulgó la Enmienda Constitucional 141, que garantiza dos días de descanso semanal remunerado y reduce progresivamente la jornada máxima de 44 a 40 horas, sin disminución salarial. Esta reforma representó una conquista para los derechos de la clase trabajadora brasileña y una mejor calidad de vida.

De acuerdo con la encuesta Ipespe/Abrapel, la proporción de electores que consideraban esta reforma laboral como un factor relevante para decidir su voto aumentó del 5% al 10% entre las mediciones del 6 al 8 y del 13 al 15 de octubre.

En esta última medición, el porcentaje alcanzó 20% entre quienes manifestaron su intención de votar por Lula y 33% entre los simpatizantes de Lula de 16 a 34 años. De esta manera, la agenda laboral pudo contribuir a la victoria petista. A ello puede agregarse el reajuste de 15.04% de Bolsa Família, que elevó el ingreso mínimo familiar de 600 a 691 reales a partir de octubre.

Lula tuvo un aumento generalizado de votos entre las dos jornadas electorales en todo el territorio. La concentración del apoyo a Lula en su bastión del nordeste se sumó a la recuperación en Minas Gerais y mayorías en las ciudades de São Paulo (55.50%) y Río de Janeiro (51.54%), pese a que Bolsonaro ganó en ambos estados.

En comparación con la primera vuelta, Lula manifiesta una recuperación histórica: mejoró su posición relativa frente a Bolsonaro en el 97% de los municipios y en los 27 estados. Respecto de 2022, su apoyo aumentó 3.1 puntos en las ciudades de más de un millón de electores y 2.8 en los municipios con más habitantes con educación universitaria.

En el plano coyuntural, uno de los cambios más relevantes fue la reducción de la abstención entre la primera y la segunda vuelta. En efecto, destaca la reducción de 21.08% en la primera vuelta a cerca de 19.22% en la segunda.

Otro factor fue la captación de una parte de los votos de las candidaturas eliminadas en la primera vuelta. Asimismo, también pudieron contribuir al resultado en favor de Lula la reducción de los votos blancos y nulos. Estos cambios pudieron deberse a las estrategias de comunicación y movilización.

El cierre de la campaña también estuvo marcado por una mayor articulación entre comunicación digital y movilización territorial. Destaca, primero, la creación del ”Exército de Lula”, una red de WhatsApp que reunió a más de diez millones de personas para difundir sus mensajes.

Segundo, la movilización presencial, expresada en concentraciones y actos públicos de apoyo a Lula y en defensa de la democracia, como los celebrados en Río de Janeiro y Brasilia el 18 de octubre. Estas manifestaciones permitieron visibilizar el respaldo ciudadano a su candidatura y reforzar el llamado a participar en la segunda vuelta electoral.

Otra acción notable fue el desplazamiento de electores para acudir a los centros de votación. Para facilitar el traslado de electores a las urnas, se dispuso transporte público gratuito y, en ciudades como Fortaleza, se reforzó el servicio con 400 autobuses adicionales.

Sin embargo, la coalición de Lula denunció restricciones en São Paulo, donde, según sus señalamientos, circuló apenas el 60% de la flota habitual, reportándose también, problemas en Bahía y Sergipe.

En conjunto, estos factores ayudan a explicar cómo Lula logró revertir la desventaja de la primera vuelta. Su victoria combinó la permanencia de una base social consolidada con la ampliación de apoyos en territorios disputados. Además, la participación superior a la primera vuelta pudo contribuir a detener la racha de victorias derechistas en América Latina.

La polarización política continúa en Brasil. El Partido Liberal (PL) amplió su presencia legislativa a 28 senadores, consolidándose como la fuerza con mayor representación en el Senado, incluidos sectores evangélicos, lo que plantea al nuevo gobierno la necesidad de construir mayorías en un Congreso plural y complejo.

A ello se agregan temas pendientes como la inseguridad, el costo de vida y las restricciones fiscales. La democracia exige reconocer las diferencias y encontrar, mediante el diálogo, soluciones que respondan a las necesidades de la población. Confío en que la experiencia política y la capacidad de diálogo del presidente Lula le permitirán encauzar estas demandas y construir respuestas que satisfagan la sociedad brasileña.

Para México, la continuidad de Lula representa una oportunidad para fortalecer una relación estratégica que trasciende las afinidades ideológicas. Nuestros países cuentan con agendas conjuntas en comercio, energía, salud, agricultura, ciencia y tecnología, como quedó de manifiesto durante la VI Reunión de la Comisión Binacional México-Brasil. No partimos de cero, pero tampoco debemos conformarnos con lo alcanzado.

La modernización de los acuerdos comerciales y la cooperación automotriz y energética ofrecen oportunidades para México y Brasil, como demuestra el memorando suscrito entre Pemex y Petrobras en junio de 2026.

Desde la Cámara de Diputados considero necesario fortalecer la diplomacia parlamentaria con Brasil, promover el intercambio de experiencias legislativas y acompañar los esfuerzos de cooperación bilateral. Los parlamentos podemos contribuir a generar confianza y dar cauce institucional al entendimiento entre nuestras naciones.

Por todo lo anterior, México acompaña con respeto y voluntad de entendimiento los esfuerzos de Brasil, convencido de que la soberanía se defiende con dignidad, los acuerdos se construyen mediante el diálogo y la amistad entre los pueblos debe prevalecer por encima de las diferencias políticas.

No cabe duda de que la confianza ciudadana debe renovarse mediante resultados tangibles, cercanía social y capacidad para atender las preocupaciones más sensibles de la sociedad. Por ello, la continuidad de Lula abre una nueva etapa para la sociedad brasileña y sus instituciones.

En este espíritu de fraternidad latinoamericana, hago mías las palabras de nuestra presidenta, Claudia Sheinbaum: “¡Viva la democracia! Ganó el pueblo de Brasil. ¡Felicidades, presidente Lula!”.

El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista