Una Historia para Compartir. Siempre lucharemos contra las noticias falsas, el T-MEC sigue. Por Saúl Monreal Ávila
No se cansan de mentir o tergiversar la realidad, porque, además, esa es su estrategia, es lo único que tienen, en la vida pública las diferencias ideológicas enriquecen el debate democrático, pero también existen episodios en los que la oposición, ya de plano ha abandonado los hechos para refugiarse en la desinformación, y eso está pasando respecto a lo ocurrido durante la revisión del T-MEC.
Antes incluso de que concluyeran las negociaciones, comenzaron a hacer circular “notas” que anunciaban, con absoluta seguridad, que el tratado había muerto, que México había sufrido una derrota histórica y que el Gobierno de la República había llevado al país al aislamiento económico. Ninguna de esas afirmaciones resistió el contraste con la realidad.
La revisión del T-MEC nunca significó que el tratado se cancelara de un día para otro, el propio acuerdo establece mecanismos de revisión, negociación y continuidad. Es decir, el tratado sigue vigente y las tres naciones continúan trabajando para resolver las diferencias que naturalmente existen entre economías tan grandes y complejas como las de México, Estados Unidos y Canadá.
Presentar esa etapa de negociación como si fuera una ruptura definitiva no fue un error de interpretación; fue una decisión política orientada a sembrar incertidumbre.
Resulta preocupante que quienes aspiran a gobernar o a influir en la opinión pública prefieran las mentiras antes que explicar con responsabilidad la naturaleza de un proceso internacional. Una oposición seria cuestiona, propone alternativas y exige mejores resultados. Una oposición irresponsable apuesta por el fracaso de su propio país para después intentar convertirlo en capital político y esa diferencia es fundamental.
No se trata de negar que existan desafíos. México todavía enfrenta negociaciones importantes en sectores estratégicos como la industria automotriz, el acero, el aluminio y las reglas de origen. Tampoco puede afirmarse que todo esté resuelto. Pero una cosa es reconocer los retos pendientes y otra muy distinta fabricar una narrativa de desastre que simplemente nunca ocurrió.
Lo verdaderamente lamentable es que muchas de esas versiones fueron amplificadas por algunos espacios mediáticos que renunciaron a la verificación de los hechos para privilegiar el impacto de un titular alarmista. En tiempos donde la velocidad de las redes sociales puede convertir una mentira en tendencia mundial en cuestión de minutos, la responsabilidad de informar con rigor debería ser todavía mayor. Sin embargo, algunos eligieron convertirse en cajas de resonancia de la especulación.
Desde la Cuarta Transformación sostenemos que la crítica es indispensable, pero debe construirse sobre hechos comprobables y no sobre deseos políticos. El interés nacional exige responsabilidad, especialmente cuando se habla del principal acuerdo comercial de nuestro país. Generar incertidumbre entre inversionistas, empresarios y trabajadores únicamente para desgastar al gobierno no fortalece la democracia; la debilita.
La política debe recuperar el valor de la verdad. México merece un debate firme, intenso y plural, pero sustentado en información verificable. Porque cuando la mentira sustituye a los argumentos, quienes realmente pierden no son los gobiernos ni los partidos políticos: pierde la ciudadanía.
Y quienes apostaron a anunciar la muerte del T-MEC hoy enfrentan una realidad incómoda: el tratado sigue vigente, las negociaciones continúan y, una vez más, la realidad terminó desmintiendo a quienes hicieron de la desinformación su principal estrategia política.
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