Una Historia para Compartir. Nuevos partidos, ¿viejas prácticas? Por Saúl Monreal Ávila
Por su parte, PAZ representa la continuidad de estructuras que anteriormente dieron vida al Partido Encuentro Social, la experiencia de ese instituto político demuestra que conservar un registro exige mucho más que cambiar de nombre o renovar una imagen pública
Es un hecho: nuestra democracia es fuerte y madura. La democracia se fortalece cuando existe pluralidad, y la posibilidad de que surjan nuevas fuerzas políticas constituye un elemento indispensable de cualquier régimen democrático consolidado, pues permite que distintos sectores de la sociedad encuentren espacios legítimos de representación y que las ideas compitan en condiciones de libertad.
En ese sentido, el nacimiento de nuevos partidos nadie lo ve como una amenaza, al contrario, es una oportunidad para enriquecer el debate público; sin embargo, la experiencia también demuestra que no toda organización que obtiene un registro logra convertirse en una auténtica opción política para la ciudadanía.
La historia electoral de México está llena de partidos que nacieron con grandes expectativas y desaparecieron apenas unos años después al no alcanzar el porcentaje mínimo de votación requerido para conservar su registro.
La causa suele ser la misma: son los mismos, solo cambian de membrete, ausencia de una identidad política clara, falta de trabajo territorial, escasa vinculación con las demandas sociales y, sobre todo, la incapacidad de construir una propuesta de nación que trascienda los intereses de quienes los impulsan.
Un partido político no puede limitarse a ser un instrumento electoral o un vehículo para grupos de poder económico, político o mediático. Su razón de ser consiste en representar causas ciudadanas, articular demandas sociales y ofrecer soluciones viables a los problemas públicos. Cuando una organización nace únicamente para confrontar a otra fuerza política, sin un proyecto propio, su viabilidad resulta, por definición, limitada.
En ese contexto surgen Somos MX y PAZ, dos nuevas expresiones políticas que tendrán la responsabilidad de demostrar que su existencia responde a una auténtica necesidad social y no únicamente a una estrategia coyuntural, la carga de la prueba recae sobre ellos.
Serán sus acciones, sus propuestas y su comportamiento público los que determinarán si logran consolidarse o si terminan formando parte de la larga lista de partidos efímeros que la historia electoral mexicana ha conocido.
En el caso de Somos MX, la percepción que prevalece entre muchos ciudadanos es que buena parte de sus integrantes provienen de movimientos y organizaciones cuya principal coincidencia ha sido la oposición frontal a la llamada Cuarta Transformación, pero sin propuestas.
Si esa percepción termina confirmándose en los hechos y su actividad política se reduce exclusivamente a la descalificación, al ataque permanente y a la confrontación discursiva, difícilmente podrán construir una identidad política propia, ningún partido puede aspirar a consolidarse si su principal propuesta consiste únicamente en oponerse a otro.
Por su parte, PAZ representa la continuidad de estructuras que anteriormente dieron vida al Partido Encuentro Social, la experiencia de ese instituto político demuestra que conservar un registro exige mucho más que cambiar de nombre o renovar una imagen pública. También será necesario demostrar que existe una agenda propia, una base social sólida y una representación efectiva de las preocupaciones ciudadanas. El nombre de un partido puede apelar a valores tan universales como la paz, pero son los hechos, y no la denominación, los que terminan otorgándole credibilidad.
Al final, será la ciudadanía quien emita el único veredicto verdaderamente importante, el de las urnas. Si estos nuevos partidos logran convencer con propuestas serias, trabajo permanente y compromiso con la sociedad, encontrarán respaldo popular.
Pero si su actuación se limita a representar intereses particulares o a construir una estrategia basada exclusivamente en la confrontación política, es muy probable que enfrenten el mismo destino de muchas organizaciones que obtuvieron un registro, pero nunca consiguieron ganarse la confianza de los mexicanos.
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