Una Historia para Compartir. La derecha mexicana no defiende la democracia, la combate. Por Saúl Monreal Ávila

Una Historia para Compartir. La derecha mexicana no defiende la democracia, la combate. Por Saúl Monreal Ávila

Quieren que otro país intervenga en México, quieren que haya solo un voto por familia, quieren que no todos tengan derecho de votar, creen que no todos los mexicanos son iguales, ellos creen en hacerle exámenes a la gente que no tuvo acceso a la educación, a la gente más pobre… vaya que extraviados están.

Hoy ya no vemos en la oposición una confrontación de ideas, vemos como llaman a que renunciemos a los principios y derechos democráticos que en décadas hemos logrado, eso es exactamente lo que comienza a observarse en ciertos espacios de opinión, algunos medios tradicionales y una creciente oferta de podcasts donde, bajo la apariencia de un análisis independiente, se articula un discurso profundamente conservador que pretende erosionar la legitimidad de las instituciones democráticas y del proyecto político que hoy gobierna México.

Resulta llamativo que muchos de sus protagonistas insistan en presentarse como "apartidistas", "liberales" o "ni de derecha ni de izquierda", sin embargo, basta escuchar con atención el sentido de sus intervenciones para advertir una constante: la crítica sistemática a la Cuarta Transformación, al expresidente Andrés Manuel López Obrador y a la presidenta Claudia Sheinbaum, mientras guardan un silencio casi absoluto frente a los excesos y los escándalos llamados Caso Ruffo Appel, Maru campos, Ricardo Anaya, Los alcaldes de Morelos, la intervención y las responsabilidades históricas de sus políticos que durante décadas condujeron al precipicio al país.

La pobreza intelectual del debate ha llegado a un punto preocupante. En lugar de confrontar políticas públicas con evidencia o construir propuestas alternativas, algunos han optado por elevar la desinformación a método de comunicación. Lo verdaderamente inquietante no es la crítica, sino la normalización de la mentira como herramienta política, en uno de esos espacios para redes lo dijeron tal cual: lo que la oposición debería de hacer es: “mientras más mentiras des contra morena, mejor te va”, o como cuando se sostiene que "la verdad es irrelevante", o que lo importante es viralizar una narrativa independientemente de su veracidad, se abandona el terreno del periodismo y del análisis para ingresar al de la propaganda.

Pero quizá el síntoma más alarmante sea la reaparición de propuestas que representan un abierto retroceso democrático, escuchar planteamientos según los cuales una sola persona debería votar en representación de toda una familia o que el ejercicio del sufragio tendría que condicionarse a la aprobación de un examen revela una visión profundamente elitista del poder, esas ideas no son innovadoras ni provocadoras; son, sencillamente, un retroceso.

El sufragio universal no nació como una concesión de las élites, sino como el resultado de largas luchas sociales para reconocer que toda persona adulta posee la misma dignidad política. Pretender que el nivel educativo, la condición económica o cualquier otro criterio determine quién merece votar significa regresar a una lógica censitaria que la historia democrática superó hace muchas décadas. La democracia no consiste en seleccionar a los ciudadanos "correctos", sino en garantizar que todas las voces tengan exactamente el mismo valor.

Paradójicamente, quienes acusan al gobierno de autoritario terminan defendiendo mecanismos propios de un autoritarismo ilustrado, donde una minoría pretende decidir quién es suficientemente apto para participar en la vida pública. Ese razonamiento no fortalece la democracia; la restringe.

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