Una Historia para Compartir. Fortaleza y dignidad es nuestra nueva diplomacia. Por Saúl Monreal Ávila
Hoy México proyecta la imagen de un país que conversa de tú a tú, de frente, con la principal potencia económica del mundo, que mantiene firmeza en sus principios y que entiende que la diplomacia eficaz no busca aplausos inmediatos, sino resultados duraderos.
Desde hace unos meses, la política exterior se ha puesto a prueba, hay que recordar que es en los momentos de mayor tensión, no en los de mayor cordialidad cuando esto sucede, cuando los intereses nacionales parecen entrar en conflicto, cuando las diferencias se hacen públicas y cuando las presiones arrecian, es cuando un liderazgo revela su verdadera dimensión.
La relación entre México y Estados Unidos durante los últimos meses ha sido precisamente uno de esos escenarios. Y en ese contexto, la presidenta Claudia Sheinbaum ha construido una conducción diplomática que merece ser analizada con objetividad, no con el hígado como lo “analiza” la oposición.
Desde el inicio de la nueva administración estadounidense encabezada por Donald Trump, la agenda bilateral ha estado marcada por temas particularmente sensibles: migración, comercio, seguridad, combate al tráfico de fentanilo y al crimen organizado, aranceles y cooperación fronteriza.
En más de una ocasión, el discurso proveniente de Washington ha sido duro hacia México; sin embargo, la respuesta del gobierno mexicano no ha transitado por la confrontación estéril ni por la sumisión, al contrario, se ha seguido una ruta distinta: la defensa firme de los intereses nacionales mediante el diálogo institucional.
La presidenta Sheinbaum ha insistido, una y otra vez, en que la relación con Estados Unidos debe construirse sobre los principios de respeto mutuo, cooperación y reconocimiento de la soberanía de ambos países. Esa posición ha quedado reflejada en sus intervenciones públicas y en las conversaciones sostenidas con el presidente Trump, sin levantar la voz y sin agacharse, pero no lo entienden los opositores.
La reciente llamada telefónica entre ambos mandatarios y la posterior invitación de Donald Trump para que nuestra presidenta, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo asistiera a la final de la Copa Mundial de la FIFA 2026 constituyen un ejemplo del momento que atraviesa la relación bilateral. La presencia de Claudia Sheinbaum en un evento de esa magnitud no representa únicamente un acto protocolario. También simboliza un reconocimiento tácito de México y lo que representa como socio estratégico, pero además como un brillante realizador del mundial.
Lejos de alimentar confrontaciones artificiales, la diplomacia mexicana ha logrado mantener abiertos los canales de interlocución incluso en medio de diferencias importantes. Esa capacidad de diálogo fortalece la posición internacional del país y transmite un mensaje de estabilidad, responsabilidad y madurez política.
Y aunque algunos sectores de la oposición han intentado construir narrativas de confrontación permanente, promoviendo campañas digitales o interpretaciones que anticipan rupturas inexistentes, la realidad suele imponerse sobre la especulación muy a su pesar, porque en los hechos hay comunicación constante entre ambos gobiernos, reuniones de alto nivel y gestos institucionales recíprocos.
Hoy México proyecta la imagen de un país que conversa de tú a tú, de frente, con la principal potencia económica del mundo, que mantiene firmeza en sus principios y que entiende que la diplomacia eficaz no busca aplausos inmediatos, sino resultados duraderos.
En tiempos de polarización global, la serenidad es una forma de liderazgo que no entienden los que están acabados políticamente, cuando esa serenidad va acompañada de convicción, preparación y sentido de Estado, se convierte en una de las expresiones más sólidas de la dignidad nacional.
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