Mujeres con Poder. El nuevo TMEC y Taiwán: la oportunidad de que México suba de nivel en América del Norte. Por Erika Azuara
Hola, amigos, siempre es un gusto volver a encontrarnos con estas líneas, la semana pasada revisamos algunas oportunidades concretas para México hoy profundizaré sobre este tema:
La revisión del TMEC ya no debe entenderse como un proceso estrictamente comercial. Es, en realidad, una oportunidad para redefinir el papel que México desempeñará en la economía de América del Norte durante la próxima década.
En 2025, el comercio de bienes entre México y Estados Unidos alcanzó un récord de 872,800 millones de dólares, integrado por 338,000 millones de dólares en exportaciones estadounidenses hacia México y 534,900 millones de dólares en importaciones provenientes de México. Estas cifras, publicadas por la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR), confirman que México es hoy el principal socio comercial de Estados Unidos y una pieza indispensable para la competitividad de la región.
Sin embargo, el entorno ha cambiado. El 1 de julio de 2026, durante el proceso de revisión previsto en el propio tratado, Estados Unidos anunció que no renovaría el TMEC en su forma actual, iniciando una nueva etapa de negociaciones y revisiones periódicas. Más allá de la incertidumbre que esto genera, representa una oportunidad para fortalecer la integración regional y modernizar las cadenas de suministro de América del Norte.
La gran pregunta ya no es qué cambios tendrá el tratado.
La verdadera pregunta es si México está preparado para aprovecharlos.
Durante décadas, nuestro país consolidó una posición privilegiada como plataforma manufacturera. Hoy ese modelo necesita evolucionar. La competitividad ya no se medirá únicamente por costos laborales o capacidad de producción, sino por innovación, contenido tecnológico, automatización y generación de valor agregado.
Es precisamente en este punto donde Taiwán adquiere una relevancia estratégica.
La relación económica entre México y Taiwán ha crecido de forma constante y hoy está profundamente vinculada con sectores de alto contenido tecnológico. De acuerdo con la Secretaría de Economía, únicamente entre enero y abril de 2026 México importó desde Taiwán 8,135 millones de dólares, mientras que exportó 53.5 millones de dólares. Esta relación comercial está concentrada principalmente en componentes electrónicos, maquinaria especializada y equipos para manufactura avanzada.
De hecho, durante 2024 el principal producto importado por México desde Taiwán fueron los circuitos electrónicos integrados, con un valor superior a 5,124 millones de dólares, un dato que refleja la importancia estratégica de esta relación para industrias como la automotriz, electrónica, dispositivos médicos y tecnologías digitales.
La oportunidad para México no consiste únicamente en importar tecnología taiwanesa.
La verdadera oportunidad consiste en atraer inversión, conocimiento, innovación y transferencia tecnológica que permitan desarrollar proveedores nacionales capaces de integrarse a las cadenas globales de mayor valor agregado.
Los datos muestran que el país tiene una base sólida para lograrlo.
De acuerdo con la Administración de Comercio Internacional de Estados Unidos (ITA), la manufactura representa aproximadamente 20 % del Producto Interno Bruto mexicano, posicionando a México como una de las plataformas industriales más importantes del mundo.
Asimismo, durante 2023 se instalaron 5,868 robots industriales en el país, de los cuales alrededor del 70 % fueron destinados al sector automotriz. Esto confirma que la industria mexicana ya avanza hacia procesos de automatización y manufactura inteligente, elementos indispensables para competir en sectores como semiconductores, electromovilidad, inteligencia artificial y dispositivos médicos.
La confianza internacional también se refleja en la inversión.
En 2025, México alcanzó un máximo histórico de 40,871 millones de dólares en Inversión Extranjera Directa, lo que representó un crecimiento anual de 10.8 %, de acuerdo con la Secretaría de Economía. Estas cifras demuestran que el fenómeno del nearshoring ya no es una expectativa: es una realidad que está transformando la economía nacional.
La diferencia estará en el tipo de inversión que México logre atraer.
No basta con recibir nuevas plantas industriales.
El verdadero desafío consiste en atraer centros de ingeniería, investigación, diseño, innovación y desarrollo tecnológico que permitan incrementar el contenido nacional dentro de las cadenas productivas de América del Norte.
En este escenario, Taiwán representa mucho más que un socio comercial.
Representa acceso a talento, innovación, experiencia en industrias estratégicas y una oportunidad para fortalecer la competitividad del TMEC desde la cooperación tecnológica.
La revisión del tratado debería impulsar una agenda orientada a fortalecer las reglas de origen, desarrollar proveedores nacionales, incrementar el contenido regional e incentivar inversiones intensivas en conocimiento.
México posee ventajas que pocos países pueden ofrecer simultáneamente: ubicación geográfica privilegiada, una base manufacturera consolidada, acceso preferencial al mercado más grande del mundo y una creciente capacidad para atraer inversión.
Ahora necesita dar el siguiente paso.
Porque el futuro ya no pertenecerá únicamente a los países que produzcan más.
Pertenecerá a aquellos que diseñen, innoven y desarrollen la tecnología que moverá al mundo.
Taiwán no sustituye al TMEC.
Lo fortalece.
Y México tiene frente a sí la oportunidad histórica de convertirse en el puente tecnológico entre Asia y América del Norte.
Espero sus comentarios y nos encontramos en estas líneas la próxima semana.
El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista