La Visión de la Frontera. T-MEC 2026: Vigente, estratégico y con rumbo. Por Pedro Lozano Martínez.
El 1 de julio de 2026 quedará en la historia del comercio de América del Norte no como el día en que el T-MEC terminó, sino como el día en que entró en una nueva etapa. La decisión de Estados Unidos de no renovar automáticamente el tratado por 16 años adicionales y optar en cambio por un esquema de revisiones anuales hasta 2036 se ha leído por algunos sectores o expertos en materia comercial, como una señal de incertidumbre para los inversionistas.
Sin embargo, un análisis objetivo revela que el T-MEC sigue vigente y sigue siendo el marco legal que protege el comercio más intenso del mundo en una de las zonas económicas más dinámicas del mundo.
Lo primero que conviene destacar es lo que no ocurrió: no hubo ruptura, no hubo denuncia unilateral, no hubo cancelación. El tratado continúa y con él continúa el acceso preferencial y el arancel cero para la gran mayoría de las exportaciones mexicanas hacia el mercado más grande del planeta. Para un corredor como el de Nuevo Laredo - Laredo, TX, que mueve más del 40% del comercio terrestre entre México y Estados Unidos, esto es una certeza fundamental.
Aquí, en la frontera más activa de América del Norte, sabemos mejor que nadie lo que está en juego. Cada día cruzan miles de tractocamiones cargados con mercancías que sostienen empleos, familias y empresas de ambos lados del Río Bravo. Los transportistas de Nuevo Laredo, los agentes aduanales y los operadores logísticos que hacen posible ese flujo cotidiano operan con reglas del juego muy claras, operan bajo tratados, bajo certidumbre. Y esa certidumbre, hoy, sigue en pie.
En este sentido, el especialista Antonio Ortiz Mena ofrece una lectura valiosa: la extensión automática por 16 años habría generado, paradójicamente, una falsa sensación de estabilidad. Las revisiones anuales, en cambio, permiten atender las tensiones de una relación comercial que él mismo califica como compleja, en tiempo real y con mecanismos formales de diálogo.
La vigencia asegurada de al menos 10 años añade, brinda un marco operativo suficiente para la región. Hay que pensar que las revisiones anuales no son útiles solo para los Estados Unidos, sino también para México y Canadá.
Y lo más importante: los tres países pueden acordar la extensión del tratado en cualquier momento, lo que abre la puerta a un horizonte de largo plazo mientras las condiciones políticas lo permitan.
Es cierto que la administración Trump tiene un estilo negociador bien conocido: prefiere mantener la presión activa, los temas abiertos y la posibilidad de obtener concesiones adicionales en cada ronda de conversación.
Las revisiones anuales le dan exactamente eso, una plataforma recurrente desde la cual puede plantear sus prioridades de cara a su electorado: el control migratorio, la seguridad fronteriza y la reducción del déficit comercial con México. Para el presidente Trump, una negociación que nunca termina es, en cierta medida, una negociación que siempre puede ganar.
Pero esa misma dinámica abre una oportunidad estratégica para México. Cada reunión anual es también una mesa donde México puede presentar sus propios intereses, demostrar resultados y construir acuerdos sectoriales. La agenda del 20 de julio en la Ciudad de México será la primera prueba de que el diálogo avanza en ambas direcciones.
Las mesas de negociación también serán el espacio natural para diseñar reglas de origen más sólidas que protejan a América del Norte frente a la triangulación de componentes asiáticos, fortaleciendo la competitividad de la manufactura regional.
Debemos tener una visión positiva y no ver la posición de Estados Unidos como un castigo o un fracaso para México. No perdamos de vista que de los tres países que firmaron el T-MEC, México es el que más ha ganado con el acuerdo.
Hoy es el principal socio comercial de Estados Unidos, por encima de China, con exportaciones que superan los $640,000 millones de dólares al año y aranceles promedio de apenas 3.6%. Además, la certidumbre que ofrece el tratado ha convencido a empresas de todo el mundo de trasladar sus fábricas de Asia a México, generando empleos, inversión y desarrollo en todo el país.
Coincidimos con el secretario Marcelo Ebrard, cuando menciona que Estados Unidos quiere reducir su dependencia de China y de otros países, y para eso necesita la participación de México. Por ello vemos los recientes hechos como algo positivo.
En conclusión, el nuevo esquema del T-MEC no es una derrota ni una amenaza. Es un terreno de negociación distinto, con reglas más dinámicas, donde México, y en particular su frontera norte, tiene las herramientas, la experiencia y los argumentos para defender sus intereses y construir acuerdos que fortalezcan el comercio, la inversión y el empleo en toda la región.
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