La Opinión de Carolina Viggiano. Morena no es de izquierda y López Obrador no es cardenista. Por Alma Cartolina Viggiano Austria

La Opinión de Carolina Viggiano. Morena no es de izquierda y López Obrador no es cardenista. Por Alma Cartolina Viggiano Austria

Los programas sociales deben ser derechos, mantenerse y ampliarse. Pero no sustituyen salud, educación, seguridad, justicia ni democracia. La izquierda de Cárdenas no era la del caudillo que exige lealtad; era la de ciudadanos libres que vigilan al poder.

La muerte de Cuauhtémoc Cárdenas ha desatado un desfile de homenajes desde el poder. Pero honrarlo no consiste en apropiarse de su apellido, citar a su padre ni convertir su memoria en propaganda. Consiste en defender aquello por lo que luchó: el voto libre, las instituciones autónomas, la pluralidad, la soberanía con democracia y un Estado capaz de servir a la nación sin arrodillarse ante poderes ilegales.

Cárdenas no fue un ornamento de la izquierda; fue una frontera ética. En 1988 enfrentó un sistema que confundía Estado, partido y gobierno. Su causa fue que ninguna mayoría pudiera aplastar a las minorías ni convertir las elecciones en un trámite del poder. Por eso defendió la autonomía del INE; criticó la militarización; cuestionó la improvisación, la falta de un proyecto nacional y hasta la política energética extractiva de López Obrador. Incluso fue inequívoco: AMLO no era cardenista.

En realidad, Cárdenas ya había respondido. Advirtió que una reforma electoral que pusiera en riesgo la autonomía del INE podía afectar la democracia y que devolver el manejo del padrón al Ejecutivo sería un retroceso serio.

Por eso su legado es incompatible con un gobierno que, con 54% de los votos, controla 72.8% de la Cámara de Diputados; que reformó el Poder Judicial, extinguió el INAI y subordinó la Guardia Nacional a la Secretaría de la Defensa. Un poder que llama conservador, traidor o enemigo a quien disiente no honra a Cárdenas: lo contradice.

Eso es justamente lo que Morena ha negado: para ellos, quien exige cuentas es conservador; quien critica la militarización es adversario; quien defiende al INE es cómplice de la corrupción. Una izquierda que teme los controles no es progresista: es un poder que dejó de creer en la ciudadanía.

También Porfirio Muñoz Ledo, compañero de Cárdenas en la ruptura democrática de 1988 y quien colocó la banda presidencial a López Obrador, rompió el silencio. En 2022 alertó sobre una “alianza entre el narco y el gobierno”. Morena lo descalificó.

Años después, las acusaciones formales en Estados Unidos contra el gobernador morenista de Sinaloa y otros funcionarios por presunto apoyo del Cártel de Sinaloa a cambio de protección y sobornos, junto con las carpetas que la propia FGR reconoce abiertas, obligan a investigar de verdad.

No son una sentencia y el debido proceso es irrenunciable; pero no hay homenaje a Cárdenas posible si se encubre, se ridiculiza o se posterga la verdad.

Si Morena quisiera honrarlo, haría exactamente lo contrario de lo que ha hecho: respetaría al árbitro electoral y los contrapesos; restituiría la transparencia; devolvería la seguridad a mandos civiles; dejaría de usar mayorías artificiales para cambiar la Constitución; y exigiría investigaciones independientes, sin blindajes, sobre toda denuncia de colusión política y criminal.

Los programas sociales deben ser derechos, mantenerse y ampliarse. Pero no sustituyen salud, educación, seguridad, justicia ni democracia. La izquierda de Cárdenas no era la del caudillo que exige lealtad; era la de ciudadanos libres que vigilan al poder.

Cárdenas no cabe en Morena. Guadalupe Taddei sí: se sometió al régimen y Morena le dio un cheque en blanco institucional para nombrar áreas estratégicas del INE sin aval del Consejo General.

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