La Opinión de Carolina Viggiano. Caminos cuatroteros. Por Alma Carolina Viggiano Austria
Este fin de semana, como otros, fui a mi tierra: San Juan Ahuehueco, Hidalgo. Es muy triste ver cómo la carretera está cada día peor. Para quienes vivimos esa ruta, la señalización borrada y las rayas desvanecidas no son detalles estéticos: son cuestión de vida o muerte, porque la niebla y la lluvia son constantes. Ante el abandono del gobierno, son los propios transportistas quienes ponen dinero de su bolsillo para mantener transitables los caminos que el Estado dejó de atender.
En diciembre, en el Hospital Regional de la Huasteca, una pareja me contó, llorando, que su bebé recién nacido se había extubado en el camino a una clínica privada -el hospital no tenía el aparato que necesitaba-. El mal estado de la carretera provocó la desconexión del tubo. Tuvieron que regresar de emergencia porque el bebé se estaba muriendo por falta de oxígeno. Eso no es mala suerte. Eso es lo que cuesta abandonar las carreteras.
México registra 45 muertes diarias por accidentes viales -16 mil 654 en un año-, en segundo lugar, en América según el Road Safety Annual Report 2025. Más de la mitad ocurre en carreteras rurales, donde faltan barreras, señalización e iluminación.
¿Por qué están así nuestras carreteras? La respuesta no es técnica: es política. En 2022, año de elección de gobernador en Hidalgo, la inversión en la carretera federal 105 Pachuca–Huejutla alcanzó los mil 611 millones de pesos. En 2024, año electoral presidencial, subió a mil 686 millones. En 2025, sin urnas de por medio, cayó a cero.
No hubo un descenso gradual: fue un corte fulminante. El presupuesto no se administró para la gente: se administró para la elección.
Esa es la trampa de la obra insignia.
Construir genera evento, foto y discurso. Pero una carretera sin mantenimiento es una inversión que se autodestruye. Antes teníamos el Empleo Temporal para dar mantenimiento a los caminos rurales, un programa que AMLO eliminó.
A nivel nacional, el desplome es igual de brutal. El presupuesto federal para la conservación de carreteras cayó de 15 mil 567 millones en 2019 a 6 mil 943 millones en 2023 -el nivel más bajo desde 1996-. El 40% de la red federal está deteriorada; apenas el 13% reporta buen estado. El FONDEN, que durante dos décadas financió la reconstrucción tras desastres naturales, desapareció en 2020, para financiar obras inútiles.
La carretera México-Tampico en mucho se la debemos al gobernador Manuel Sánchez Vite, originario de la Sierra de Molango, pero si viera en qué condiciones está hoy, en manos de su nieto como secretario de Infraestructura Pública y Desarrollo Urbano Sostenible (SIPDUS) del Gobierno de Hidalgo, estoy segura se sentiría profundamente triste.
La gran estrategia de la 4T es la corona de la mediocridad: el ‘Bachetón’ de la actual administración es insuficiente mientras la ley permita recortar los fondos de mantenimiento sin ningún candado que los proteja vamos a seguir consintiendo que nuestros caminos sean Cuatroteros. Las carreteras no pueden seguir siendo rehenes del calendario electoral ni de la corrupción. Esa omisión legislativa es la que la mayoría oficialista en la cámara baja debe corregir.
@caroviggiano
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