Finanzas Públicas y Política. Terrorismo fiscal: la verdadera reforma del SAT. Por Héctor Saúl Téllez Hernández
Llamemos a las cosas por su nombre: terrorismo fiscal
¿Reforma fiscal? Nunca la hubo. Lo que presenciamos no es una transformación hacendaria, sino la sofisticación de un engranaje de coerción: la conversión del Servicio de Administración Tributaria (SAT) en una maquinaria de intimidación institucional.
Los datos demuelen la narrativa oficial. En 2025, el padrón de contribuyentes activos apenas avanzó un 0.97 %, alcanzando los 87.7 millones. La base tributaria mexicana no se expande; está sumida en un estancamiento estructural. ?Sin embargo, donde la administración flaquea en persuasión, abunda en rigor.
Los actos de fiscalización pasaron de 21 mil 572 en 2021 a 47 mil 525 en 2025. Para 2026, las proyecciones anticipan una cifra vertiginosa: 62 mil 229 auditorías; es decir, la cacería fiscal se habrá triplicado en un quinquenio, utilizando la misma presa de siempre.
Llamemos a las cosas por su nombre: terrorismo fiscal.
Lejos de ser una retórica de la oposición, el término describe con precisión quirúrgica la naturaleza del modelo actual. Un esquema incapaz de ensanchar el universo del contribuyente, devoto del extractivismo, el acoso y la sanción punitiva contra quienes ya forman parte del circuito formal.
Se trata de un estado de vigilancia perpetua: el requerimiento persistente, la carta invitación que opera como intimidación sumaria y la auditoría agresiva que fiscaliza el margen de error para erigir la multa.
Mientras la presión recae sobre el causante cautivo, la sombra de la informalidad cobija al 55% de la población ocupada. Más de la mitad del país transita en la invisibilidad tributaria, impermeable a la mirada del Fisco.
Para la autoridad es operativamente cómodo y financieramente lucrativo asfixiar al cautivo que aventurarse en la economía subterránea.
El mensaje que el Estado proyecta hacia el ecosistema productivo -en particular a la micro y pequeña empresa- resulta perverso: ingresar a la formalidad equivale a encender un reflector sobre la propia cabeza. El paradigma del deber ciudadano mutó en un principio disuasorio: quien se visibiliza, se expone al colapso por vía del requerimiento.
El Paquete Económico 2027, con un techo presupuestal que oscila entre los 10 y 11 billones de pesos, descansa sobre esta paradoja. El Ejecutivo celebra caudales de recaudación récord y presume la ausencia de nuevos impuestos; omite, no obstante, que el incremento en el ingreso público no proviene del crecimiento ni de la equidad, sino de triplicar la extracción sobre los mismos hombros.
Esto no constituye justicia ni eficiencia tributaria, es canibalismo fiscal. Ante la incapacidad de edificar un pacto social donde el esfuerzo sea compartido, el Fisco ha optado por consumir a sus propios contribuyentes. Por sus medios, por sus sesgos y por sus consecuencias, el diagnóstico es ineludible.
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