Desde el Norte. La década perdida y lo que sigue. Rubén Moreira Valdez

Desde el Norte. La década perdida y lo que sigue. Rubén Moreira Valdez

México está en aprietos y, en buena medida, se lo debe a López Obrador y a sus colaboradores, que nunca se opusieron a sus caprichos. Algunos no lo hicieron por ignorancia; otros, por la cochina costumbre del “sí, señor”. Al tabasqueño lo convencieron, o se convenció, de que todo estaba mal y de que había que terminar con lo que él llamaba “neoliberalismo”.

Me imagino que es un hombre de rencores, prejuicios y mucha ignorancia. A principios de 2019 fui invitado a Palacio Nacional a la reunión anual que la Cancillería realiza con el cuerpo diplomático mexicano. Allí, sin decir agua va, el presidente anunció varias sandeces que tenía preparadas para el inicio de su gobierno. Me voy a referir a dos de ellas:

  1. Eliminar ProMéxico, la agencia en el mundo para la promoción económica del país, y
  2. Encargar a los embajadores esa función. El ignorante jefe del Ejecutivo federal aseguró que en el mundo solo México gastaba en ese tipo de oficinas.

Entre los asistentes, la mayoría avezados diplomáticos, se extendió un rumor de desaprobación. Al terminar el evento, varios conocidos me confiaron que era una gran estupidez y que era increíble que Marcelo Ebrard, titular de la dependencia, no lo asesorara al respecto.

Con esa medida se desmanteló un formidable equipo de búsqueda de inversiones para el país y de asesoría y acompañamiento para nuestros exportadores. México tiene un pésimo crecimiento y una nula generación de empleo; en buena medida, eso sucede por no contar con agentes expertos que fichen inversiones nuevas en el extranjero.

En el mismo orden de ideas se encuentran otras “brillantes” acciones del régimen obradorista. Cualquiera con dos dedos de frente, antes de construir los trenes Maya e Interoceánico, hubiera realizado un buen estudio de factibilidad. La consecuencia es clara: los dos son elefantes blancos, al igual que la Megafarmacia, Mexicana de Aviación, el AIFA, Dos Bocas, Gas Bienestar, el desarrollo turístico de las Islas Marías y una bola de disparates por el estilo.

La sobada frase “es más fácil destruir que construir” se aplica muy bien al caso de México: un sistema de justicia que muestra su ineficiencia y que espanta a los inversionistas de todos los tamaños; un sector educativo que tiende a la mediocridad y uno de salud que resintió el efecto de un charlatán de apellido López-Gatell, y que ahora no tiene el suficiente presupuesto para funcionar.

Así podemos hacer un recuento de todas las áreas de la administración pública y encontrar una sistemática destrucción de instituciones, operación que se acompaña con una voluntad tenaz para instalar la chambonería y la abulia a lo largo del territorio.

Por cierto, lo último en el tema médico es que, en uno de los centros de atención más importantes de la nación, una buena parte del personal terminó con un chorrillo marca diablo, por las malas condiciones de la comida que les ofrecieron.

Con más discreción avanza una acción que puede destruir la esencia de la nación. Me refiero a la estrategia destinada a desmantelar el sistema federal. De manera consciente, el régimen debilita a las instituciones locales y utiliza diversos medios para ello, desde legislativos hasta presupuestales. Es evidente que a los ideólogos de Morena les encantaría un sistema centralista y con un megapresidencialismo sin contrapesos.

El paquete económico llegó a la Cámara de Diputados y en nada abona para revertir el daño causado al país por Morena en los ocho años anteriores. Nada hay para un buen desarrollo regional o para solucionar los problemas más profundos que padecemos. Peor aún, como en el siglo XIX, en los tiempos en que Miramón gobernó el país, se va a seguir contratando más deuda. Algunas de las próximas colaboraciones las dedicaré al análisis del paquete económico.

P. S.

  1. En dos años llegaremos a una década perdida y recuperarnos será muy difícil.
  2. Aparecieron los resultados de la prueba PISA y México salió bastante mal. Vamos en caída libre.

El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista