Finanzas Públicas y Política. Salud desmantelada: la factura de las ocurrencias. Por Héctor Saúl Telléz Hernández

Finanzas Públicas y Política. Salud desmantelada: la factura de las ocurrencias. Por Héctor Saúl Telléz Hernández

Resulta increíble que Morena haya desmantelado todo el sistema de salud bajo la bandera de combatir una “corrupción” que jamás probó. Con ese pretexto, borraron el Seguro Popular y dejaron a más de 50 millones de mexicanos sin acceso real a servicios médicos.

El argumento fue simple: había corrupción; pero nunca hubo carpetas, nunca hubo sentencias, nunca hubo un solo funcionario de alto nivel encarcelado por ese supuesto saqueo. Lo que sí hubo fue improvisación... y cara.

Ahí está el INSABI: nació muerto, sin reglas claras, sin presupuesto suficiente y sin capacidad operativa. Colapsó en menos de tres años, dejando a pacientes sin medicinas, sin citas y sin hospitales que los recibieran. Lo cerraron en silencio, como quien barre el polvo bajo la alfombra.

Luego vino la “Mega Farmacia”: miles de millones gastados en una bodega gigante que hoy surte menos del 1% de las recetas que recibe. Un monumento a la simulación, inaugurado con bombo y platillo, pero vacío en los hechos.

Y ahora las “Farmacias del Bienestar”: otra ocurrencia anunciada como solución, pero sin médicos, sin abasto garantizado y sin claridad sobre su operación. Más despilfarro, más propaganda, cero resultados.

Mientras tanto, el cáncer no espera, la diabetes no espera, la diálisis no espera; pero los pacientes sí: esperan meses por una cirugía, hacen filas eternas por un medicamento, o simplemente se endeudan para atenderse en lo privado.

Lo grave no es solo el fracaso operativo, es que esos miles de millones de pesos sí se gastaron, salieron del erario. ¿A dónde fueron? ¿Qué empresa los recibió? ¿Quién firmó los contratos? Ahí sí huele a tapadera de corrupción: la que se comete con opacidad, con adjudicaciones directas y sin rendición de cuentas.

Desmantelar un sistema imperfecto para sustituirlo por ocurrencias fue una decisión política, no técnica, y el costo lo están pagando los más vulnerables: los que no tienen IMSS, ni ISSSTE, ni dinero para un hospital privado.

La salud no es un experimento y los mexicanos no merecen ser conejillos de indias de un gobierno que destruye sin saber construir.

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