Escena del Crimen. Novatadas de la muerte. Por Gerardo Jiménez
La muerte de Dafne Zapata Quintos, de apenas 13 años, no solo abrió una carpeta de investigación. También volvió a colocar bajo los reflectores una pregunta incómoda: ¿qué ocurre detrás de los muros de las instituciones que convierten la disciplina en su principal argumento de formación y en sus llamadas novatadas?
La adolescente ingresó el 13 de julio a un campamento de verano de la Academia Militarizada Marina Doenitz, en Ciudad Madero. Cuatro días después estaba muerta. Primero se habló de una caída sin importancia. Más tarde, de un desvanecimiento en un baño.
Sin embargo, los primeros hallazgos periciales difundidos por la familia apuntan a un escenario mucho más complejo: lesiones en distintas partes del cuerpo e indicios de asfixia por sumersión, elementos que difícilmente encajan con la explicación inicial de un accidente.
La distancia entre la versión institucional y la evidencia forense es precisamente el espacio donde nacen las sospechas. Y cuando la víctima es una menor de edad, el deber de transparencia deja de ser una opción para convertirse en una obligación. Ya el jueves fue detenida Yanina N, exempleada del inmueble, por su presunta responsabilidad en la muerte de Dafne.
El caso tampoco puede analizarse de forma aislada. México ha conocido episodios similares dentro de instituciones castrenses. En febrero de 2024, siete soldados murieron ahogados durante un ejercicio de adiestramiento en una playa de Ensenada, Baja California.
La propia Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) reconoció que la maniobra no formaba parte del programa de entrenamiento e inició una investigación por presuntos delitos de desobediencia y abuso de autoridad contra el mando responsable, mientras se analizaba incluso la posibilidad de una novatada.
La Secretaría de Marina también ha enfrentado casos que exhiben los riesgos de los excesos en el adiestramiento. En 2026 ofreció una disculpa pública por la muerte de un cadete de la Heroica Escuela Naval Militar, ocurrida en julio de 2024 durante un curso en el Centro de Adiestramiento Especializado en Infantería de Marina, en Champotón, Campeche, al reconocer la gravedad de los hechos y asumir su responsabilidad institucional.
Aunque la Academia Militarizada Marina Doenitz no depende de la Sedena ni de la Secretaría de Marina —como ya aclaró el Gobierno federal tras la muerte de Dafne—, los tres casos comparten una inquietante constante: cuando la disciplina se ejerce sin controles, supervisión efectiva y rendición de cuentas, el entrenamiento puede convertirse en un escenario de violencia con consecuencias irreparables.
EVIDENCIAS
Fuentes de la policía cibernética federal investigan una red de tráfico ilegal de corales y especies marinas protegidas con destino a México, principalmente provenientes de Asia.
Son especies consideradas altamente protegidas que llegan a tener un costo de entre 2 mil y 60 mil pesos, generando ganancias en el mercado negro superiores a los 12 millones de pesos anuales.
La primera red ubicada tendría su base de operaciones en Claremont, California, Estados Unidos, desde donde los ejemplares son trasladados hacia Tijuana, Baja California, utilizando como intermediario un acuario establecido en dicha ciudad.
De acuerdo con la información disponible, los corales son ocultados entre diversa mercancía para cruzar la frontera y posteriormente son enviados por vía aérea hacia la Ciudad de México, presuntamente mediante vuelos comerciales, documentados como peces de ornato.
Una vez en territorio nacional, los ejemplares serían comercializados de manera ilegal, principalmente a través de redes sociales.
Una segunda red presuntamente está vinculada con un importador ubicado en Dallas, Texas, quien comercializaría corales a una persona encargada de introducirlos a México por el cruce fronterizo de Nuevo Laredo, Tamaulipas, ocultándolos entre diferentes mercancías.
Derivado de estos hechos, autoridades mexicanas mantienen coordinación con las autoridades competentes de Estados Unidos, entre ellas la U.S. Fish and Wildlife Service y la autoridad aduanera correspondiente, con el propósito de intercambiar información y desarrollar las investigaciones necesarias para identificar a los presuntos responsables y, en su caso, deslindar las responsabilidades correspondientes.
No señalan que, a principios del 2000, la empresa Ruta 66, establecida en Estados Unidos, tuvo una auditoría por realizar estas mismas acciones irregulares de venta de corales a México.
@Santomitote
El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista