El Bastión. Que ruede el balón, aunque el mundo esté enrarecido. Por Julián Andrade
Estamos a un mes del silbatazo inicial del Mundial de futbol. Es la tercera vez en la historia que la inauguración ocurre en un mismo estadio, el Azteca, que también se llama Banorte, una cancha de abolengo como pocas.
1970 y 1986. Dos años también complejos. El inició de la década de los 70 estuvo marcado por heridas que provenían del desenlace del movimiento estudiantil de 1968 y por lo que después se llamaría Guerra Sucia, el periodo de combate a las guerrillas campesinas y urbanas.
El arranque, el 31 de mayo del 70, le tocó al conjunto mexicano frente a la Unión Soviética, donde no hubo anotaciones. El tricolor tendría, ese mundial, su mejor desempeño hasta ese momento: sexto lugar, eliminado por los italianos en cuartos de final.
Para el siguiente campeonato, en cambio, todavía persistían los problemas que generó el terremoto de un año antes. El entonces presidente, Miguel de la Madrid, se llevó una sonora rechifla en la ceremonia inaugural, en la que se enfrentaron las selecciones de Italia y Bulgaria, con un resultado empate de uno a uno.
También llegamos a la sexta posición. México le jugó de tú a tú a Alemania, pero perdimos en penales, una lástima.
En esta ocasión, el papel de anfitriones es compartido con Estados Unidos y Canadá; el primero lleva mano en la cantidad de partidos y la final se jugará en Nueva Jersey.
Hace ocho años, cuando se decidió una justa futbolística en tres países, el mundo era otro, aunque ya se esbozaban muchas tensiones en el horizonte.
Nadie imaginaría que el T-MEC enfrentaría riesgos, que Donald Trump se radicalizaría todavía más, profundizando su antimexicanismo.
Pero al ambiente enrarecido, ahora hay que sumar que no parece que estén resueltas todas las asignaturas previas que requiere la celebración de una justa mundialista.
En particular, la Ciudad de México puede enfrentar dificultades en el tema de la movilidad, al grado de que se propuso terminar el ciclo escolar por adelantado, un asunto que está en veremos, pero que muestra el nivel de las preocupaciones.
Pero, más allá de contratiempos, análisis e inclusive críticas, celebremos que ruede el balón.
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