Contradicciones. Péndulo. Por Ricardo Monreal Ávila

Contradicciones. Péndulo. Por Ricardo Monreal Ávila

Cuando se publicó El reino de este mundo, de Alejo Carpentier, originó una sacudida de memoria. Allí se narra la epopeya de la Revolución haitiana y la resistencia de un pueblo frente a los poderes coloniales.

La novela es un recordatorio de que la historia de América Latina está salpicada por diversos intentos de dominación externa y, al mismo tiempo, rebosante por la capacidad de los pueblos de rebelarse y redefinir su destino.

En sus páginas, los personajes viven entre la imposición de discursos ajenos y la construcción de una voz propia. Esa tensión entre lo impuesto y lo emancipado es la metáfora de una América que nunca ha dejado de luchar por su soberanía y por la posibilidad de escribir su historia.

Esta lección literaria tiene eco nuevamente en la escena política nacional, pues la visita de la española Isabel Díaz Ayuso puede leerse como un eco de esas viejas pretensiones coloniales y como un intento de traer un discurso de ultraderecha que buscaba instalarse en la vida pública del pueblo mexicano. Sin embargo, la respuesta fue contundente: México no es terreno fértil para la imposición; al contrario, sigue mostrando confianza en un proyecto progresista que se construye desde su propia memoria y esperanza.

Lo que ocurrió fue, en muchos sentidos, predecible. La gira de la titular de la Presidencia de la Comunidad de Madrid se fue desdibujando conforme avanzaban los días. Pudiera decirse que llegó con reflectores y se fue entre sombras. Los tropiezos en sus eventos, las contradicciones en sus mensajes y un arropo que se adelgazó incluso entre sectores de la derecha mexicana terminaron por perfilar el verdadero saldo de su visita: un intento fallido de interlocución con un pueblo que no le compró el guion.

Quiso vender la idea de una cruzada por la “hispanidad”, pero el tono que eligió —condescendiente por momentos, provocador en otros— no encontró eco en una sociedad mexicana que ha hecho de su historia una causa viva. Las referencias a comparaciones simplistas con otras naciones latinoamericanas, la ocurrencia de escribir “Méjico” en comunicaciones oficiales y la insistencia en lecturas coloniales del pasado no hicieron sino profundizar la distancia.

El desenlace fue abrupto y se fue del país sin concluir su agenda, en medio de acusaciones que buscaron responsabilizar al Gobierno de México de supuestos desaires. Nada más lejos de la realidad. Desde el inicio, la Presidenta Claudia Sheinbaum fue clara al respecto, al expresar que el nuestro es un país libre, abierto a todas las voces, incluso a aquellas con las que no se coincide.

Su postura fue clave, sobre todo en estos tiempos en que la provocación suele dictar el ritmo de la política. De ahí que su decisión de no caer en la confrontación hable de un liderazgo que entiende el momento histórico.

No era un viaje inocente: había una intención de proyectar el discurso de la ultraderecha española hacia América Latina mediante la conocida narrativa de exaltar figuras coloniales, como Hernán Cortés, hacer crítica frontal a los gobiernos progresistas y reducir el concepto de libertad a una consigna vacía.

En mi libro El péndulo político: el ascenso contemporáneo de las ultraderechas y las reacciones hacia la izquierda en Europa y América, que está próximo a publicarse, advierto que la ultraderecha prospera cuando logra normalizar su discurso y presentarse como una respuesta legítima al malestar social. Pero también sostengo que su avance se frena cuando hay liderazgos capaces de responder con inteligencia, sin caer en la trampa de la estridencia.

Lo ocurrido en estos días confirma esa hipótesis. La reacción social fue contundente. No hubo entusiasmo masivo, no hubo apropiación del discurso, no hubo esa conexión que quienes promueven estas agendas suelen buscar. Por el contrario, lo que emergió fue una reafirmación de identidad.

Una vez más se ratificó que México no es un terreno disponible para experimentos ideológicos importados, sino una nación con una trayectoria histórica y política que hoy se inclina, con claridad, hacia su propio proyecto de transformación.

Y en ese contexto, la figura de la Presidenta de la República salió fortalecida, al no confrontar y sostener una línea de respeto. Mientras desde fuera se intentaba sembrar división, desde dentro se respondió con institucionalidad.

El contraste no pudo ser más evidente pues, de un lado, había un discurso que apelaba a la nostalgia colonial y a la polarización. Del otro, una visión progresista que apuesta por la inclusión, la soberanía y la justicia social. En esa tensión, el péndulo se inclinó sin esfuerzo.

Lo que se pensó como una ofensiva terminó siendo una redefinición. La visita no abrió puertas a la ultraderecha en el país. Y, paradójicamente, contribuyó a consolidar el liderazgo de quien optó por no engancharse en la disputa. Así se mueve el péndulo: frente a cada intento de imposición, emerge una afirmación más robusta. Y México, con x, decidió escribirse otra vez en sus propios términos.

ricardomonreala@yahoo.com.mx
X: @RicardoMonrealA

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