Una Historia para Compartir. No simulamos, desarticulamos al huachicol. Por Saúl Monreal Ávila

Una Historia para Compartir. No simulamos, desarticulamos al huachicol. Por Saúl Monreal Ávila

Otro de los salvavidas de la calumnia de la derecha, se les está acabando, y eso siempre lo demostramos con pruebas, sus débiles argumentos se desmoronan, durante años, el robo de combustibles fue tolerado, encubierto y, en no pocos casos, administrado desde las sombras del poder.

En el ocaso del periodo neoliberal, se convirtió en una economía criminal paralela que creció al amparo de la corrupción institucional, de la complicidad política y de una escandalosa ausencia de voluntad para enfrentar de raíz a quienes saquearon el patrimonio energético de la nación.

Hoy, esa realidad ha comenzado a cambiar con hechos, no con discursos; con resultados verificables, no con propaganda y con acciones contundentes, no con la simulación que en gobiernos del PRIAN caracterizó a esos mismos que hoy, sin autoridad moral alguna, pretenden erigirse en jueces de una transformación que no comprenden y que claramente les incomoda.

Los hechos son incontrovertibles, en el último año se han concretado golpes de alto impacto contra las estructuras del huachicol que durante años operaron con márgenes de impunidad insultantes. No se trata únicamente de cateos menores ni del aseguramiento aislado de una toma clandestina.

Lo que hoy estamos presenciando es el desmantelamiento progresivo de redes criminales completas: operadores logísticos, estructuras financieras, empresas fachadas, redes de distribución, nodos de almacenamiento y liderazgos delincuenciales que durante años construyeron verdaderos consorcios del saqueo.

El más reciente operativo en el centro del país es prueba inequívoca de ello, la desarticulación de una red con capacidad para extraer hasta 1.5 millones de litros de combustible por semana y la captura de objetivos criminales vinculados con organizaciones de alto perfil representan mucho más que un decomiso relevante, constituyen un golpe estructural a una cadena de valor delictiva que no se improvisa y que no se desmonta con ocurrencias.

A ello se suman aseguramientos de decenas de pipas, inmuebles, armas, dinero en efectivo y combustible robado, así como el debilitamiento de redes de huachicol fiscal que operaban mediante esquemas de facturación falsa y sofisticados mecanismos de defraudación.

Frente a esta realidad documentada, la oposición insiste en refugiarse en la mentira, en la descalificación automática y en la narrativa del fracaso. Es la misma oposición que hoy pretende sembrar dudas sobre resultados que son públicos, verificables y contundentes. La misma que durante años guardó silencio frente al crecimiento exponencial del robo de hidrocarburos.

La misma que nunca enfrentó con seriedad al crimen porque, aprendió a convivir con él, a tolerarlo o a beneficiarse de sus márgenes de operación, a ser parte de él, insisto, ahí están las pruebas.

Hoy esa narrativa se derrumba por el peso de los hechos, se derrumba cuando se desmantelan redes enteras de huachicol, cuando se golpea no sólo al operador menor, sino al financista, al transportista, al facturero y al jefe criminal; se derrumba cuando se acredita que sí existe capacidad institucional, inteligencia operativa y decisión política para enfrentar uno de los mercados ilícitos más rentables del país.

La diferencia es clara y profundamente reveladora, ellos administraron el problema; nosotros lo estamos enfrentando, ellos normalizaron la corrupción; nosotros la estamos desmontando, ellos convivieron con el crimen; nosotros lo estamos debilitando. Por eso recurren a la calumnia, porque los hechos los desmienten y frente a sus falsedades, la respuesta seguirá siendo la misma: trabajo, resultados, legalidad y autoridad del Estado.

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