Una Historia para Compartir. No hay censura, solo les quitan el disfraz. Por Saúl Monreal Ávila

Una Historia para Compartir. No hay censura, solo les quitan el disfraz. Por Saúl Monreal Ávila

Hay algo profundamente revelador en la reacción de ciertos medios, periodistas y opinadores conservadores frente al análisis presentado por Luisa María Alcalde. Apenas apareció la lista, la maquinaria narrativa se puso en marcha: “censura”, “persecución”, “autoritarismo”, “fascismo” y hasta comparaciones con el nazismo.

La exageración llegó a tal extremo que pareciera que el gobierno hubiera ordenado cerrar redacciones, retirar programas del aire o silenciar periodistas.

Nada de eso ocurrió, lo que se presentó fue algo muy distinto: un mapa de difusión y amplificación digital, y aquí está la diferencia que deliberadamente algunos pretenden borrar o hacer que se pierda de vista, nadie está diciendo que porque un periodista aparezca en ese análisis sea un operador de bots. Nadie está afirmando que un medio controle las cuentas que reproducen sus contenidos.

Lo que se está señalando es que determinados contenidos encuentran posteriormente una enorme capacidad de amplificación mediante redes digitales, incluidas cuentas artificiales, automatizadas o coordinadas.

Y eso no es una teoría conspirativa, es materia de análisis técnico de redes, desde hace años, investigaciones académicas y estudios especializados han utilizado herramientas de análisis de redes sociales para identificar nodos, comunidades, centralidades, patrones de interacción y mecanismos de amplificación.

Es decir, sabemos que en las plataformas digitales existen estructuras capaces de hacer que un mensaje aparentemente marginal termine convertido en una conversación masiva.

Por eso resulta intelectualmente tramposo convertir un estudio sobre cómo circula y se amplifica un discurso en una acusación de censura, es como si alguien elaborara un mapa de las carreteras que utiliza una mercancía y el dueño del almacén denunciara que pretenden clausurar su negocio. No, no es así, en ese ejemplo, se está analizando la carretera, no cerrando el almacén.

Y eso es solo la muestra de la falta de argumentos de la derecha y de su narrativa falsa.

Y hay algo todavía más incómodo para quienes hoy gritan censura: varios de los actores mencionados ya habían aparecido en investigaciones anteriores como nodos relevantes dentro de determinadas conversaciones políticas digitales. Eso no demuestra que sean responsables de las redes que los amplifican.

Pero sí demuestra que la construcción de comunidades, centralidades y mecanismos de propagación política en internet existe y puede estudiarse empíricamente.

Entonces, ¿por qué tanto escándalo? Porque quizá por primera vez alguien decidió poner sobre la mesa algo que durante años fue utilizado contra la Cuarta Transformación: la existencia de estructuras digitales de propagación y amplificación política.

Qué conveniente, la libertad de expresión no significa que un periodista tenga derecho a que sus contenidos sean artificialmente impulsados sin que nadie pueda estudiar ese fenómeno. Tampoco significa que los medios estén exentos del escrutinio público.

Investigar una red no es perseguir a quienes aparecen dentro de ella, la discusión debería ser otra: ¿quién amplifica qué, cómo, con qué recursos y con qué finalidad?

Porque si existen redes artificiales capaces de fabricar tendencias, inflar conversaciones y convertir determinadas narrativas en supuestas verdades sociales, el problema no es que alguien las estudie.

El verdadero problema sería seguir fingiendo que no existen.

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