Una Historia para Compartir. Les parece un chiste la Soberanía. Por Saúl Monreal Ávila
La verdad es que ya no sabemos ni como llamarlos y es que hoy el debate en México dejó de ser una disputa entre partidos para convertirse en una definición de principios.
El mensaje pronunciado ayer por nuestra presidenta, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo en el Monumento a la Revolución no fue únicamente un informe político ni una celebración de los avances de la Cuarta Transformación; fue una reivindicación clara de la soberanía nacional, de la independencia de México y del derecho irrenunciable de nuestro pueblo a decidir su propio destino.
Cuando la Presidenta afirmó que ninguna potencia extranjera tiene derecho a decidir sobre los asuntos internos de nuestra nación y que nada ni nadie detendrá la transformación que millones de mexicanas y mexicanos han decidido construir democráticamente, estaba honrando nuestros principios fundacionales como República independiente.
Sin embargo, resulta inevitable contrastar ese mensaje con la postura que durante los últimos días han asumido dirigentes y representantes del Partido Acción Nacional en torno al caso de la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos.
Lo preocupante no es solamente la defensa política que han intentado construir. Lo verdaderamente alarmante es la aparente normalización de conductas que, de confirmarse, representarían una violación a nuestro orden constitucional.
Todos los servidores públicos de este país, desde el presidente de la República hasta gobernadores, diputados, senadores y alcaldes, protestamos guardar y hacer guardar la Constitución. Y al menos para nosotros, no se trata de una ceremonia vacía, es un compromiso solemne con la nación.
La Constitución establece con claridad la defensa de la soberanía nacional y fija límites precisos frente a cualquier forma de intervención extranjera. De ella emanan además leyes específicas, como la Ley de Seguridad Nacional, que regula la participación y actuación de agentes extranjeros dentro del territorio mexicano.
Por ello resulta sorprendente que algunos actores políticos pretendan minimizar un asunto que ha generado la intervención de autoridades federales y un amplio debate público. Más aún cuando la información conocida hasta ahora señala que la participación de agentes extranjeros habría ocurrido de manera reservada y al margen del conocimiento público.
Les hacemos una pregunta a esos a quienes la carta magna, les parece trivial, si la Constitución puede ignorarse cuando conviene políticamente, ¿para qué juraron cumplirla? Si las leyes emanadas de ella pueden ser consideradas obstáculos menores, ¿qué sentido tiene exigir a los ciudadanos el respeto al Estado de derecho?
Ellos, el prian, normalizan la injerencia de instituciones norteamericanas, nosotros no, la coordinación entre gobiernos es indispensable, el combate al crimen exige colaboración. Pero una cosa es cooperar entre naciones soberanas y otra muy distinta permitir que intereses externos sustituyan las decisiones que corresponden exclusivamente al Estado mexicano.
La historia de México está marcada por hombres y mujeres que lucharon para defender nuestra independencia, que comprendieron que la soberanía es la condición indispensable para ejercer plenamente nuestra libertad.
Por eso el mensaje de la presidenta Claudia Sheinbaum trasciende la coyuntura. Porque recuerda que la transformación nacional no solamente consiste en combatir la corrupción o ampliar derechos sociales. También implica defender la dignidad de México frente a cualquier intento de subordinación.
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