Una Historia para Compartir. Les duele todo, si lo recibe, malo; si no lo recibe, también. Por Saúl Monreal Ávila

Una Historia para Compartir. Les duele todo, si lo recibe, malo; si no lo recibe, también. Por Saúl Monreal Ávila

Defender la memoria histórica no significa romper relaciones con el mundo, exigir respeto tampoco implica cancelar el diálogo, las naciones maduras pueden sostener diferencias y, al mismo tiempo, construir acuerdos en beneficio de sus pueblos

Hay un dicho que siempre me ha gustado: en la política todo puede ser privado, pero nunca secreto, y por eso esta actividad tiene una virtud y un defecto: todo queda expuesto al juicio público, pero la oposición mexicana ha llevado esa práctica al extremo de la contradicción permanente. Lo ocurrido con el encuentro entre nuestra presidenta, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, y Felipe VI es el ejemplo más reciente.

La reunión representó un paso importante para recomponer una relación bilateral que durante varios años atravesó momentos de tensión. No hubo renuncias a las convicciones históricas de México ni tampoco un borrón y cuenta nueva. Hubo diálogo, respeto institucional y la voluntad de construir una relación madura entre dos naciones unidas por la historia, el idioma, la cultura y una intensa relación económica.

La presidenta sostuvo, de frente, la postura de México sobre la importancia de reconocer los agravios históricos hacia los pueblos originarios, al tiempo que ambas partes coincidieron en abrir una nueva etapa de cooperación y entendimiento.

Sin embargo, bastaron unas cuantas fotografías para que aparecieran las voces de siempre.

“¿Pues no qué no?”. “¿Y las disculpas?2. “Ahí está Claudia Sheinbaum postrada ante el rey de España”. “Ya ven la hipocresía de Morena”.

Las mismas frases, los mismos comentaristas y la misma oposición que parece haber renunciado hace mucho tiempo a la coherencia.

Porque vale la pena hacer un ejercicio muy sencillo. Imaginemos el escenario contrario: si la Dra. Sheinbaum hubiera rechazado reunirse con el rey, esos mismos personajes estarían diciendo que Morena es incapaz de construir relaciones internacionales, que por caprichos ideológicos pone en riesgo la inversión y el prestigio del país.

Si la reunión hubiera ocurrido allá en España, los titulares serían exactamente los opuestos: “Mírenla, terminó yendo con el rey”, “¿No que muy nacionalista?2, “Al final tuvo que doblar las manos”. Es decir, para la oposición no existe una decisión correcta, cualquier acción sirve como pretexto para intentar construir una narrativa de fracaso.

Esa es precisamente la señal más clara de la crisis en la que se encuentra el bloque conservador. Están tan extraviados ideológicamente como derrotados moralmente y ese será su acabose en el 2027. El PRIAN y los conservadores han dejado de debatir proyectos de nación para instalarse en la crítica automática. Ya no importa el fondo de las decisiones, sino encontrar cualquier argumento que alimente la confrontación cotidiana.

Mientras tanto, el gobierno de México continúa haciendo política exterior con responsabilidad. Defender la memoria histórica no significa romper relaciones con el mundo, exigir respeto tampoco implica cancelar el diálogo, las naciones maduras pueden sostener diferencias y, al mismo tiempo, construir acuerdos en beneficio de sus pueblos.

Quizá por eso las críticas de la oposición terminan perdiendo fuerza, porque cada vez resulta más evidente que no responden a una convicción, sino a una estrategia de golpeteo permanente que lo único que hace es desgastarlos, se acaban a sí mismos.

Y si hoy son incapaces de sostener una postura coherente frente a un encuentro diplomático de esta naturaleza, ya jamás van a convencer a la ciudadanía de que tienen un proyecto serio para el país.

El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista