Una Historia para Compartir. La oposición, si no cambia se acaban. Por Saúl Monreal Ávila
En política, las cifras no son solo dichos, son realidades contundentes y cuando se analizan los padrones oficiales de militantes registrados ante el Instituto Nacional Electoral, se confirma una realidad que la oposición pretende evadir con discursos que buscan distorsionar la realidad: su deterioro no es imaginario, es estructural, la realidad los golpea.
El Partido Acción Nacional, que en otros momentos históricos logró articular una narrativa de alternancia, hoy enfrenta una caída en picada, un estancamiento evidente en su base militante. Tras su más reciente campaña de afiliación, el incremento reportado fue irrisorio, apenas de unos cuantos miles de registros adicionales respecto de un padrón que ronda poco más de 320 mil afiliados.
Solo lograron un crecimiento del uno por ciento, lo que recalca su caída en picada y no modifica la tendencia general de los últimos años, es un partido que no logra respaldo social ni puede reconstruir el entusiasmo ciudadano que alguna vez tuvo hasta llevarlos a la presidencia de México.
El caso del Partido Revolucionario Institucional resulta igual de ilustrativo, en la última década, su padrón pasó de cifras que superaban seis millones de militantes en 2017 a poco más de un millón cuatrocientos mil afiliados en 2025 verificados oficialmente. Esta reducción se trata de una contracción profunda que refleja la pérdida de legitimidad política y de confianza social, la gente ya no cree en ellos, pues, cuando millones de personas dejan de refrendar su afiliación o simplemente se apartan de una estructura partidista, lo que se expresa no es un ajuste técnico, sino un juicio político colectivo.
La oposición insiste en presentarse como alternativa moral frente al proyecto de transformación que encabeza Morena. Sin embargo, los datos demuestran que esa narrativa carece de sustento en la realidad social. La disminución sostenida de sus padrones no es un fenómeno aislado ni coyuntural; es la manifestación cuantificable de un desgaste acumulado por décadas de corrupción, de privilegios indebidos y de decisiones públicas alejadas del interés general.
Mientras tanto, el proyecto de la Cuarta Transformación ha logrado sostener y ampliar su base social porque ha colocado en el centro a quienes históricamente fueron excluidos, no se trata solo de números en un padrón, sino de la credibilidad construida a partir de políticas públicas orientadas al bienestar y la austeridad republicana.
La oposición moralmente derrotada puede multiplicar conferencias y desplegados; puede intentar reposicionarse con campañas de afiliación ridículamente anunciadas y que al último resultan en un fracaso, pero mientras no reconozcan el origen de su descrédito: la corrupción sistemática, el engaño reiterado y la distancia con la ciudadanía, difícilmente revertirá esa tendencia que los propios datos oficiales evidencian, en democracia, el respaldo popular no se decreta, se gana y eso se nota, pero cuando se pierde, también queda registrado y se nota más.
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