Una Historia para Compartir. La oposición se rinde antes de competir. Por Saúl Monreal Ávila

Una Historia para Compartir. La oposición se rinde antes de competir. Por Saúl Monreal Ávila

¿Qué podemos esperar de partidos que buscan fuera del país el respaldo político y la legitimidad que no han logrado recuperar dentro de México?

Oficialmente ha iniciado el proceso electoral rumbo a 2027, una elección de enorme trascendencia para México en la que estarán en disputa 17 gubernaturas, 300 diputados federales, 31 congresos estatales y 664 diputaciones locales; mil 786 presidencias municipales y 14 mil 139 regidurías. Y aunque todavía faltan las campañas, las visitas domiciliarias, las asambleas, las plazas públicas y el contacto directo con la ciudadanía, algo parece comenzar a quedar claro: la oposición ya está construyendo las justificaciones para sus próximas derrotas.

El caso del PRI en Tabasco, particularmente en el Distrito 6, es revelador. Antes siquiera de entrar formalmente a la competencia, su dirigente nacional ya dijo que no piensan registrar candidato a diputado federal en ese distrito, e incluso llaman a la oposición a no registrar a nadie de ningún partido, y es que su oponente y el que tienen más simpatía es Andres Manuel López Beltrán.

Es decir, antes de salir a convencer, antes de recorrer las calles y antes de confrontar ideas con ideas, pareciera que han decidido anticipar el resultado y preparar el argumento que les permita explicar una derrota anunciada.

Si estuvieran tan seguros de que Morena tiene un altísimo rechazo, al contrario, nada sería más satisfactorio para ellos que competir y ganarle a López Beltrán. Y ahí está uno de los principales problemas de la oposición mexicana: han sustituido la propuesta por el pretexto.

Durante años apostaron a construir una narrativa de fraude, autoritarismo y persecución. Repitieron una y otra vez que la democracia estaba en riesgo y que las instituciones habían dejado de funcionar, pero esa narrativa no logró conectar con la mayoría de la ciudadanía porque la gente, sencillamente, vive otra realidad y ve las respuestas a su problemática.

México necesita discutir seguridad, crecimiento económico, infraestructura, educación, salud, empleo y bienestar; sin embargo, buena parte de la oposición parece más interesada en los discursos incendiarios, en la descalificación permanente y en repetir, como periquitos, que “no se dejarán amedrentar”, que “están echados pa’ adelante”, mucha bravura verbal, mucho escándalo mediático, pero muy pocas propuestas.

Por eso no sorprende que distintas mediciones electorales anticipen una amplia ventaja de Morena en la mayor parte de las entidades que renovarán gubernatura en 2027. La ciudadanía podrá castigar, premiar o corregir mediante su voto, como ocurre en toda democracia, pero hasta ahora la oposición no parece haber entendido que para recuperar la confianza no basta con atacar o descalificar.

Tienen que ofrecer algo mejor. Pero ¿qué podemos esperar de partidos que buscan fuera del país el respaldo político y la legitimidad que no han logrado recuperar dentro de México? ¿Qué mensaje mandan cuando parecen encontrar más eco en escenarios internacionales que en las colonias, comunidades y municipios donde deberían estar trabajando todos los días?

México necesita una oposición seria, responsable y con propuestas, una oposición que compita, que recorra el país y que defienda sus ideas ante la gente.

Pero si desde ahora prefieren abandonar la competencia, hablar de fraude antes de las propuestas o justificar anticipadamente su derrota, entonces el problema no está en las urnas.

El problema está en que se dieron por vencidos antes de que comenzara la batalla.

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