Una Historia para Compartir. El mensaje es ensordecedor, la gente está con Claudia Sheinbaum. Por Saúl Monreal Ávila

Una Historia para Compartir. El mensaje es ensordecedor, la gente está con Claudia Sheinbaum. Por Saúl Monreal Ávila

Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre sus campañas construidas en laboratorios cibernéticos y la realidad que viven millones de familias mexicanas.

En la historia de un país, hay momentos van más allá de discursos, encuestas y tendencias de las redes sociales, esos momentos son cuando la gente se expresa de manera directa, libre y contundente. Lo ocurrido este fin de semana en el Monumento a la Revolución y en las plazas públicas de todo México fue eso: una manifestación auténtica de respaldo popular a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y al proyecto de nación que representa la Cuarta Transformación.

Durante meses hemos sido testigos de una intensa campaña de ataques políticos y mediáticos impulsada por los conservadores y el PRIAN, que durante décadas se beneficiaron de un modelo económico excluyente.

Desde espacios de opinión, campañas bien orquestadas y pagadas sabrá dios con qué recursos en plataformas digitales y estructuras de comunicación “bien aceitadas”, han intentado construir una narrativa de desgaste permanente contra la presidenta de México. No es algo nuevo. Ya lo vimos contra Andrés Manuel López Obrador y hoy lo vemos nuevamente contra quien encabeza la continuidad de este movimiento histórico.

Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre sus campañas construidas en laboratorios cibernéticos y la realidad que viven millones de familias mexicanas. Mientras algunos intentan instalar falsas narrativas desde las redes sociales, la gente sabe quién estuvo de su lado cuando más lo necesitó y quién gobernó durante décadas para unos cuantos.

Los mismos grupos que hoy critican cada decisión del gobierno son los que ayer defendían un modelo neoliberal que convirtió al Estado en un simple administrador de intereses privados. Son quienes se opusieron a los programas sociales, quienes cuestionaron la inversión en infraestructura estratégica, quienes rechazaron el fortalecimiento de la soberanía energética y quienes insistían en que México debía seguir dependiendo de las recetas dictadas desde organismos internacionales y centros financieros extranjeros.

Ese modelo generó crecimiento para un puñado de “cuates” del poder y pobreza para millones. Construyó privilegios para las élites mientras abandonaba a las comunidades, a los trabajadores, a los campesinos y a las familias más vulnerables. Por eso la llegada de la Cuarta Transformación significó un cambio de paradigma: poner al ser humano en el centro de las decisiones públicas.

Hoy millones de mexicanas y mexicanos reciben apoyos que son derechos y no favores, existen más oportunidades para estudiar, para emprender, para trabajar y para vivir con dignidad; la inversión pública vuelve a ser un motor del desarrollo nacional y el crecimiento económico se acompaña de una visión de justicia social.

Por eso las plazas estuvieron llenas, porque el respaldo que recibió la presidenta Claudia Sheinbaum no fue producto de una estrategia de mercadotecnia, fue la respuesta de una ciudadanía que reconoce avances concretos y que entiende que aún queda mucho por hacer, pero que también sabe distinguir entre quienes buscan construir un país más justo y quienes quieren, por ejemplo, que otro país llegue a gobernarnos.

Cuando un gobierno pierde la confianza de la gente, las plazas, por más que quieras, no se llenan; cuando un proyecto deja de representar las aspiraciones populares, la ciudadanía se aleja. Lo ocurrido este fin de semana demuestra exactamente lo contrario: Miles de personas acudieron para expresar su confianza en la primera mujer presidenta de México, una líder que ha sabido conducir al país con responsabilidad, firmeza y sensibilidad social.

El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista