Una Historia para Compartir. Cuando la mentira se disfraza de periodismo. Por Saúl Monreal Ávila

Una Historia para Compartir. Cuando la mentira se disfraza de periodismo. Por Saúl Monreal Ávila

Hay una diferencia enorme entre ejercer un periodismo crítico y convertir la mentira en una herramienta política, cuestionar al gobierno, señalar errores, investigar abusos y exigir resultados es indispensable en cualquier democracia. Pero fabricar noticias, manipular imágenes, inventar enfermedades, anunciar tragedias inexistentes o difundir rumores deliberadamente no es periodismo: es propaganda disfrazada de información.

En los últimos años han proliferado espacios en televisión, plataformas digitales y redes sociales cuyo modelo parece sustentarse en una fórmula sencilla: atacar a la Cuarta Transformación, descalificar a la presidenta Claudia Sheinbaum y presentar cualquier acontecimiento como una supuesta prueba del fracaso del gobierno, el problema no es que sean críticos, el problema aparece cuando la crítica desaparece y es sustituida por odio, falsedad y manipulación.

Basta recordar algunos ejemplos recientes, en redes sociales se llegó a difundir que el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles se encontraba inundado; una falsedad que, sin embargo, circuló con enorme velocidad. Y como esa mentira han aparecido otras: versiones sobre el supuesto estado de salud de la presidenta, rumores sobre el expresidente Andrés Manuel López Obrador e historias fabricadas que buscan provocar miedo, indignación o desesperanza.

Pero hay algo todavía más paradójico, quienes utilizan micrófonos, cámaras, periódicos, plataformas digitales y redes sociales para expresar todos los días opiniones políticas falsas, todavía tienen el cinismo de presentarse como víctimas de una supuesta persecución desde Palacio Nacional.

Gritan “¡represión!”, gritan “¡censura!”, exigen “¡libertad de expresión!”, mientras ejercen esa libertad prácticamente a plenitud, publican, transmiten, editorializan, insultan, descalifican y lanzan acusaciones sin que nadie les quite el micrófono. ¿Dónde está entonces la censura que denuncian?

Una cosa es que el gobierno o cualquier ciudadano responda a sus dichos y otra muy distinta es impedirles expresarlos. El derecho a hablar no incluye el derecho a quedar impune frente a la crítica. Si ellos pueden acusar, el gobierno y la sociedad también pueden responder.

La libertad de expresión protege la crítica, incluso la crítica más severa. Pero no convierte la mentira en verdad ni obliga a la sociedad a aceptar aquello como periodismo serio.

Lo más preocupante es que detrás de algunas de estas campañas parece existir una lógica política mucho más profunda: construir un ambiente permanente de desconfianza hacia las instituciones, desacreditar al gobierno y presentar a México como un país condenado al desastre.

Pero hay una noticia que quizá incomoda a quienes viven de la infodemia, la sociedad mexicana está madurando, hoy millones de ciudadanos contrastan información, identifican montajes y reconocen cuándo detrás de una supuesta noticia existe simplemente mala leche.

La democracia necesita crítica, contrapesos y libertad. Pero también necesita responsabilidad, porque combatir las fake news no significa defender a un partido, significa defender el derecho de los mexicanos a conocer la realidad.

Porque atacar a un gobierno, ellos creen que les puede dar resultados, pero atacar deliberadamente la verdad, termina atacando al país entero.

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