Una Historia para Compartir. Aparece y los enloquece. Por Saúl Monreal Ávila
López Obrador, además, volvió a dejar claro algo fundamental: la Presidenta de México es Claudia Sheinbaum Pardo y es ella quien manda en el país, no reclamó poder, no pretendió ocupar un espacio institucional que ya no le corresponde.
Durante meses, los críticos de Andrés Manuel López Obrador, sus adversarios políticos, algunos políticos profesionales y determinados medios de comunicación han construido una loca e irreal narrativa: que el expresidente no sale de su rancho porque el pueblo lo repudia; que tiene miedo de aparecer en público; que algo le impide salir; incluso llegaron a inventar que ya no estaba en el país. Una y otra vez, las mismas mentiras, las mismas columnas, las mismas calumnias.
Por eso su reaparición tuvo un efecto político evidente: los descolocó, al expresidente le bastó aparecer para enloquecer toda una semana a sus opositores, salió para presentar “Pueblo”, hablar de historia, del presente y del futuro de México, de la Cuarta Transformación y de la importancia del pueblo como protagonista de nuestra historia.
La paradoja es contundente, quienes decían que no aparecía porque tenía miedo, ahora cuestionan por qué apareció. Los mismos que preguntaban dónde estaba, hoy preguntan para qué salió. Los que exigían su presencia ahora pretenden descalificarla. Esa contradicción revela que el problema para ellos nunca fue su ausencia, el problema es que reapareció y volvió a colocar el debate en sus propios términos, a retomar el micrófono que le pertenece.
La reacción fue más que sísmica, la salida del expresidente generó una auténtica descolocación política entre sus adversarios de los partidos, los políticos profesionales, determinados medios de comunicación, los dueños de grandes corporaciones mediáticas y los magnates de derecha que durante décadas han vivido de un modelo que dejó al pueblo en la miseria.
Y hay algo todavía más significativo: López Obrador ni siquiera dedicó su mensaje a responderles, no habló de la persecución mediática contra él y su familia. No dedicó tiempo a las acusaciones permanentes contra sus hijos. No respondió a las campañas millonarias en redes sociales. No hizo un inventario de las calumnias que diariamente reproducen algunos medios. No convirtió su aparición en una defensa personal, habló de historia. Habló de futuro. Habló de la Cuarta Transformación. Habló del pueblo.
Y eso tiene un enorme significado, porque “Pueblo” no fue solamente un libro dirigido a quienes ya conocen y respaldan al movimiento. También fue un mensaje para quienes, ante el bombardeo cotidiano de noticias falsas, calumnias y desinformación, pueden terminar confundiendo la repetición de una mentira con la verdad. Incluso quienes simpatizan con la transformación están expuestos diariamente a ese golpeteo mediático y, por ello, una voz que recuerda el origen, los principios y los objetivos del movimiento resulta políticamente relevante.
López Obrador, además, volvió a dejar claro algo fundamental: la Presidenta de México es Claudia Sheinbaum Pardo y es ella quien manda en el país, no reclamó poder, no pretendió ocupar un espacio institucional que ya no le corresponde.
Quienes construimos la Cuarta Transformación sabemos diferenciar perfectamente las responsabilidades: reconocemos y respaldamos a nuestra presidenta y, al mismo tiempo, reconocemos en López Obrador su liderazgo histórico.
Y quizá por eso, después de tanto preguntar dónde estaba López Obrador, su regreso les resultó tan incómodo a los que siempre se han creído dueños del país.
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