Una Historia para Compartir. 23 días de conflicto. Por Saúl Monreal Ávila

Una Historia para Compartir.  23 días de conflicto.  Por Saúl Monreal Ávila

Amigas y amigos que nos leen en este espacio, cuando vivimos el difícil proceso de la pandemia global, nos repetíamos, las redes sociales lo hacían, las organizaciones y, en fin, prácticamente todo mundo lo decía: “es una oportunidad para cambiar, para reflexionar, para mejorar el mundo”, estábamos ante el miedo de que una simple bacteria acabara con gran parte de la humanidad.

Hoy el mundo atraviesa uno de esos momentos que obligan a detenernos y reflexionar con seriedad. El conflicto armado entre Estados Unidos, Israel e Irán, que ya supera las tres semanas de duración, no es un hecho aislado ni lejano, es una sacudida profunda al acomodo, y a la organización internacional, que ya tiene repercusiones en todos los rincones del planeta, incluido México.

Hoy estamos viendo cómo una confrontación regional se transforma en un fenómeno global, no se trata únicamente de ataques militares o de disputas geopolíticas; estamos ante un reacomodo de fuerzas que redefine alianzas, intereses económicos y estrategias de seguridad, en términos claros, el mundo está dejando atrás una etapa de relativa estabilidad para entrar en una nueva fase de incertidumbre.

Los efectos inmediatos ya se observan, por ejemplo, en la economía, el incremento en los precios del petróleo y la volatilidad de los mercados internacionales nos impactan, aunque el conflicto ocurra a miles de kilómetros, sus consecuencias pueden sentirse en el bolsillo de las familias mexicanas.

Pero más allá de lo económico, hay una dimensión humana que no debemos perder de vista, miles de personas han perdido la vida y millones enfrentan desplazamiento, miedo e incertidumbre. Desde México, un país que históricamente ha defendido la paz y la autodeterminación de los pueblos, no podemos ser indiferentes ante el sufrimiento que provoca la guerra.

En el terreno político, lo que observamos es una clara reconfiguración de bloques. Por un lado, las potencias occidentales respaldando la ofensiva; por otro, países como China y Rusia adoptando una postura crítica y fortaleciendo su vínculo con Irán. Entre ambos polos, el llamado sur global, donde se encuentra América Latina, enfrenta el reto de mantener una posición equilibrada, soberana y basada en principios.

Para México, este escenario representa tanto un desafío como una oportunidad. El desafío es, porque debemos proteger nuestra estabilidad económica y social en un contexto internacional adverso. La oportunidad, porque podemos reafirmar nuestra vocación diplomática como un país que apuesta por el diálogo, la cooperación y la solución pacífica de controversias.

Desde una visión progresista y humanista, es fundamental insistir en que la guerra nunca debe ser, ni la primera, ni la última opción, la historia nos ha demostrado que los conflictos armados dejan más problemas de los que resuelven. Por ello, hoy más que nunca, es necesario fortalecer los mecanismos multilaterales, el derecho internacional, impulsar el diálogo entre las naciones y rechazar cualquier escalada que ponga en riesgo la paz mundial.

Pero también es un buen momento para replantear el papel de los organismos internacionales, de nuevos protocolos de actuación, de la creación de acuerdos más vinculantes al derecho y la paz, pues es lamentable que, en términos generales, el sistema internacional no ha sido rediseñado a fondo.

México debe mantenerse firme en sus principios: no intervención, solución pacífica de controversias y respeto al derecho internacional, el mundo está cambiando, y lo está haciendo rápido, frente a ello, debemos tener claridad, serenidad y una visión de largo plazo, porque, aunque la guerra esté lejos en el mapa, sus consecuencias están más cerca de lo que imaginamos.

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