Texto y Contexto. Los errores no se barren. Por Pablo Reinah

Texto y Contexto. Los errores no se barren. Por Pablo Reinah

La escoba limpia todo, menos la imagen. En el corazón de una Ciudad de México que exige soluciones reales, Clara Brugada eligió la escoba. Tras el abucheo recibido en el Desfile Mundialista del 13 de junio en Paseo de la Reforma, la jefa de Gobierno apareció al día siguiente en el Centro Histórico con cubeta y escoba en mano. Barrió Motolinía y recorrió Madero, en una escena que buscaba transmitir humildad.

En realidad, expuso el pánico de una gestión que responde con espectáculo a un malestar ciudadano cada vez más visible.

Nadie niega la importancia de una ciudad limpia. El Centro Histórico merece calles dignas. Pero que la máxima autoridad ejecute tareas de barrendero no es liderazgo: es la confesión de que falló en lo básico. La limpieza corresponde a las áreas operativas, no a la Jefa de Gobierno. Agarrar la escoba no resuelve problemas; solo los maquilla.

Los problemas son otros. Las calles de la capital se encuentran en mal estado: baches, hundimientos, banquetas rotas y pavimentos desgastados que generan accidentes diarios y afectan la movilidad. La falta de servicios públicos es notoria en decenas de colonias: luminarias fundidas, fugas de agua sin reparar, recolección de basura irregular y mercados públicos en condiciones deplorables.

A esto se suman intervenciones estéticas controvertidas, como las pinturas moradas fuera de norma que han proliferado en fachadas, guarniciones y mobiliario urbano, violando regulaciones de imagen urbana y patrimonio, y generando rechazo entre vecinos y expertos.

Estos no son detalles menores. Son síntomas de una administración que descuida la planeación estratégica y la ejecución eficiente. En lugar de atender con políticas integrales la inseguridad persistente, la movilidad caótica, la saturación de servicios y los rezagos de infraestructura, se opta por acciones mediáticas de bajo costo simbólico. Limpiar después del abucheo o tras un plantón es reactivo, nunca proactivo.

Esta lógica revela un patrón: priorizar el relato sobre los resultados. Una jefa de Gobierno eficiente no necesita “arremangarse” ante las cámaras. Debe planear, coordinar, exigir resultados a su equipo y entregar obras y servicios que mejoren la vida diaria de la gente. Los capitalinos no piden selfies con escoba; demandan calles seguras de noche, transporte confiable, respuesta ágil a emergencias, inversión productiva y un Centro Histórico vivo sin operativos de emergencia.

El abucheo del sábado no fue aislado. Refleja el contraste entre promesas electorales y la realidad que viven millones de personas cada día. La ciudadanía reconoce cuando el poder evade responsabilidades profundas y prefiere gestos que distraen. Barrer Madero limpia el pavimento por unas horas, pero no resuelve el mal estado general de las calles, ni repone los servicios ausentes, ni borra las intervenciones fuera de norma.

Es hora de exigir lo que corresponde a una Jefa de Gobierno: eficiencia planeada, resultados tangibles y trabajo real en favor de la gente, no en torno a su imagen. La Ciudad de México merece liderazgo que ataque los problemas de fondo, no que los barra debajo de la alfombra. Porque al final, las calles vuelven a ensuciarse y el descontento, no se limpia con escoba.

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