Texto y Contexto. El negocio del miedo. Por Pablo Reinah
En el peor momento de tu vida marcas el 911 o llamas a la Cruz Roja porque alguien necesita una ambulancia que salve… y en su lugar llega una que te extorsiona.
Aparece una unidad particular, a veces con chaleco o logo que parece oficial, y en cuanto llega exige miles de pesos por el traslado. Si no pagas, el paciente se queda. Esa es la realidad que una joven acaba de denunciar en TikTok y que miles de mexicanos han vivido en silencio.
Este no es un problema nuevo. Desde hace años los medios documentan el mismo modus operandi: ambulancias “patito” que interceptan frecuencias de radio o se filtran en la del 911, llegan antes que la Cruz Roja o el ERUM y convierten la emergencia en un negocio. Cobran sumas absurdas, se alían con clínicas privadas por comisión y desaparecen.
¿Quién les permite filtrarse en las frecuencias de seguridad y por qué nadie lo evita?
La gente se siente defraudada porque confía en el emblema rojo y termina recibiendo un cobro disfrazado de auxilio. La Cruz Roja lo ha dicho mil veces: las emergencias reales —las que ponen en riesgo la vida— son gratuitas. Solo se cobra, o se pide cuota de recuperación, en traslados programados. Pero las particulares irregulares no respetan esa frontera. Aprovechan el pánico, la falta de información y la lentitud de la respuesta oficial.
Y aquí está lo más grave: nadie sanciona de verdad, nadie legisla al respecto y nadie frena el abuso. Las autoridades reconocen que existen unidades ilegales que obtienen información que no deberían tener, pero el control es tibio, las multas escasas y la privacidad de frecuencias casi inexistente. El vacío sigue abierto y el negocio sigue beneficiando a quien sabe quién.
Mientras tanto, la Cruz Roja opera con recursos limitados, voluntarios y colectas, intentando cubrir lo que el sistema no alcanza. Pero la confianza ciudadana se erosiona cada vez que alguien paga por miedo y urgencia o se queda sin auxilio por no tener dinero.
¿Hasta cuándo vamos a normalizar que una urgencia se convierta en una transacción comercial? Una emergencia no debería medir el bolsillo de nadie. Mientras no haya sanciones reales, legislación clara y control efectivo de las frecuencias y las unidades, el miedo seguirá siendo el mejor cliente de quienes lucran con el dolor ajeno. La próxima vez que suene una sirena, ojalá sea para ayudar… no para lucrar.
El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista