Para Contar. Morena, encuestas e inconformes. Por Arturo Zárate Vite

Para Contar. Morena, encuestas e inconformes. Por Arturo Zárate Vite

En política, reconocer la derrota, no es algo que distinga a los mexicanos ni a las mexicanas.

Cuando la competencia es entre los partidos, son excepcionales los casos en los que se acepta el triunfo del adversario.

Lo mismo sucede cuando la competencia es dentro de los partidos, por las diversas candidaturas.

Nadie quiere quedar como perdedor, protestan y se quejan de que hubo trampa, de que las encuestas estuvieron amañadas. También no falta quien diga que hubo imposición, “dedazo” como se llamaba en la época dorada del priismo.

Son escenarios de los que ninguna elección ni partido se salva. La normalidad mexicana. Rarísimo que alguien de la cara para admitir que las cifras oficiales o las encuestas no lo favorecieron.

El nombre del partido es lo de menos, puede ser el partido en el poder, los que representan la oposición o los pequeños que a veces se sienten más grandes de lo que son.

Nada nuevo lo de los pataleos.

Lo prueba la historia.

En 1994 se cayó o calló el sistema y hasta la fecha hay dudas sobre el resultado que finalmente dio a conocer la Comisión Federal Electoral, encabezada por la Secretaría de Gobernación.

En 2000 el PRI admitió que había perdido la presidencia y no le quedó otra al ver que Ernesto Zedillo no se iba a ensuciar las manos. Más de un prominente priista se atrevió a sugerir a sus compañeros aplicar la máxima jalisciense de que “Jalisco nunca pierde y cuando pierde, arrebata”. No hubo coro.

Después, en 2006 se inmortalizó en política nacional la frase “haiga sido como haiga sido”. Al presunto ganador no le importó burlar la voluntad popular y llegar a vivir a la extinta residencia oficial de los Pinos con el compromiso de que se legitimaría en el ejercicio del poder.

Lo cínico y bochornoso se dio en 2024 cuando la panista Xóchitl Gálvez y sus aliados se apresuraron en la noche de la elección para anunciar en conferencia de prensa su “triunfo”. Hicieron el ridículo. Fueron aplastados en las urnas con más de 35 millones de votos.

Por cierto, nunca se supo quién fue el autor o la autora de esa patraña. Corrieron a lavarse las manos. Episodio del que ninguno de los protagonistas quiere acordarse. Ninguno de los dirigentes de la oposición. Sólo Xóchitl, quizás por el papelón en el que se vio enredada, tuvo la decencia de llamarle por teléfono a la doctora Claudia Sheinbaum para felicitarla.

¿Y qué sucede ahora en la etapa de ir definiendo quienes van a competir en la elección del próximo año?

Entendible que la mayor agitación se produzca en Morena, por la sencilla razón de que es el partido en el poder, con más militancia y mejor estructurado. Los y las aspirantes saben que con la camiseta guinda las posibilidades de éxito son inmejorables.

¿Y tienen razón los inconformes para cuestionar las encuestas de su partido?
Lo que no les gusta es no haber ganado. Las encuestas le han dado a Morena la mayoría de los cargos públicos.

Funcionan y a estas alturas, cuando más se encona la disputa por el poder, no va a caer en la simulación y mucho menos en la imposición, porque estaría arriesgando su hegemonía.

De cualquier manera, hay quienes trinan y no descartan la posibilidad de pasarse al bando contrario si no son atendidos los reclamos.

La oposición sería feliz si alguno de esos inconformes ingresa a sus filas. Podría dar la pelea.

De no ser así, la oposición, desarticulada, sin los cuadros que pudieran darle nivel competitivo, sin ofrecerle a la sociedad nuevos rostros y trayectorias limpias, sin cola que le pisen, estaría condenada al fracaso.

Se equivoca si cree que los electores van a dar su voto a quienes le han fallado una y otra vez o a quienes ofrecieron el cambio y terminaron haciendo lo mismo que sus antecesores.

El colmo es que Vicente Fox, en su desesperación o ¿locura? se reunió con Alejandro Moreno Cárdenas, dirigente nacional priista. Se suponía que Fox aborrecía a los tricolores, a las tepocatas, víboras prietas y alimañas. Hoy convive y es feliz con los que alguna vez consideró adversarios.

¿Se imaginan el impacto que va a tener la foto Fox-Alito cuando empiecen en 2027 las campañas?

Por lo pronto, la presidenta de Morena Ariadna Montiel deberá echar mano de todas sus habilidades para mantener la unidad y evitar que nadie se ponga la camiseta de otro partido.

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El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista