Ormuz, Modi y la lección que México no debe ignorar. Por Marcela Guerra
La reacción del primer ministro Narendra Modi frente al riesgo geopolítico en el estrecho de
Ormuz deja una lección importante para el mundo: los grandes líderes no esperan a que la
crisis estalle por completo para preparar a sus países.
India entendió que las guerras modernas no solo se libran con armas. También se libran en la
energía, las cadenas logísticas, los alimentos, los fertilizantes, el transporte marítimo y la
estabilidad económica de las familias.
Por eso Modi pidió a la población reducir consumo energético, evitar gastos innecesarios y
fortalecer la resiliencia nacional. No fue un mensaje alarmista. Fue un mensaje de
responsabilidad de Estado.
El estrecho de Ormuz no es un punto geográfico más. Por ahí transita cerca de una quinta
parte del petróleo mundial. Si esa ruta se militariza, se bloquea parcialmente o se vuelve
demasiado riesgosa para aseguradoras y navieras, el impacto sería inmediato sobre los
combustibles, el transporte y la economía global.
India entendió algo esencial: las crisis internacionales ya no dan margen para improvisar.
Y México debe entenderlo también.
Nuestro país suele mirar este tipo de tensiones con cierta distancia, bajo la idea de que la
ubicación geográfica o la relación comercial con Estados Unidos ofrecen suficiente blindaje.
No necesariamente es así.
México depende de cadenas globales de suministro altamente sensibles. Una disrupción
energética internacional tendría consecuencias directas sobre inflación, transporte,
producción industrial, alimentos, costos logísticos y finanzas públicas.
Más aún en un momento en el que la economía mexicana enfrenta desaceleración, presiones
fiscales y creciente incertidumbre internacional.
La reciente decisión de S&P; Global Ratings de cambiar la perspectiva de México de “estable”
a “negativa” refleja precisamente la preocupación de que el país entra a un entorno
internacional más complejo con menor margen de maniobra fiscal y bajo crecimiento
económico.
Por eso el mensaje de Modi tiene relevancia global.
No se trata solamente de ahorro energético. Se trata de construir resiliencia nacional.
Los países que resisten mejor las grandes crisis son aquellos que diversifican riesgos,
fortalecen infraestructura estratégica, protegen cadenas de suministro, generan certidumbre
para inversión y preparan psicológica e institucionalmente a la sociedad antes de que el
impacto llegue.
México necesita avanzar urgentemente en esa dirección.
Necesitamos fortalecer nuestra seguridad energética, ampliar capacidad logística, modernizar
infraestructura, incentivar inversión productiva y acelerar una política industrial vinculada al
nearshoring. Pero también necesitamos algo menos visible y quizá más importante: una
visión estratégica de largo plazo.
La estabilidad no puede seguir administrándose únicamente en términos políticos o
electorales. El mundo atraviesa una etapa de competencia geopolítica, fragmentación
comercial y vulnerabilidad energética que obliga a los Estados a pensar en términos de
seguridad económica nacional.
India ya comenzó a hacerlo.
México no debería esperar a que la crisis toque la puerta para empezar a prepararse