Original y Copia. Euforia pasajera. Por Martín de J. Takagui
¡Viva México! Ganamos el tercer partido del Mundial 2026, más bien lo ganó la selección de Javier Aguirre, pero el triunfo es de todos, es de los mexicanos, porque así lo sentimos, porque lo vivimos, en el estadio, en la calle en nuestras casas, con los amigos, con la familia con toda la gente del restaurante, del bar con ley seca y han sido dos semanas de grandes triunfos para los mexicanos.
El futbol ha venido a recuperar el ánimo de vivir y de convivir, la emoción de alcanzar un objetivo el compartir el grito de ¡Gooolll! El sentirnos satisfechos de alcanzar una victoria en equipo, de manera compartido, como si hubiese sido el esfuerzo de un gran equipo tricolor que se llama México.
Y si, los mexicanos como todo el mundo tienen derecho a festejar un gol, un triunfo, una victoria, porque además hacía años que no lo veíamos así, es más los festejos en el Zócalo, en Paseo de la Reforma, en el monumento a la Revolución en la Minerva en la Macroplaza, en todas las plazas del país.
Experiencias de festejos inéditos, cientos de miles de personas de todas las edades, hombres, mujeres, ricos y pobres, fifís y chairos, todos a una misma voz gritando México. México. México, despidiendo al más grande portero de los mexicanos, el gran Memo Ochoa.
Uno de los jugadores más icónicos de la historia futbolera de México, compartiendo espacio con el futbolista más grande nacio0nal, Hugo Sánchez y Memo que después de 22 años de jugar en las grandes ligas del balompié, vuelve a su casa, al Estadio Azteca hoy llamado Banorte o Ciudad de México, para despedirse de la fiel afición mexicana.
Logra su despedida con una última jugada que originó el tercer gol frente a la selección de Chequia, se despide de las canchas profesionales besando los dos palos de su portería en el Estadio Azteca, ese arco que no ha sido traspasado en ninguno de los tres partidos jugados hasta ahora y Chequia después de esa derrota volverá a su casa, pues no logra superar la fase de grupos para seguir en la justa mundialista.
El pueblo de México merece esas emociones, y lo merece porque en esta euforia, que, como todas es pasajera, las divisiones sociales y políticas promovidas desde el gobierno de la República desde hace casi ocho años, se hicieron a un lado, a lo largo de las dos semanas que lleva el Mundial 2026 para unir las manos, los brazos, las voces, gritos, y hasta el llano lleno de emoción por ver triunfar a una selección mexicana de futbol que ha logrado resultados inéditos.
El de México es un gran pueblo, un pueblo que se levanta a trabajar, que luchas por superarse, que en los últimos años ha recibido las dádivas de los gobiernos que han endeudado como nunca al país, pero que atiende las necesidades de diversión y la satisfacción de recibir bimestralmente o tres o cinco miles de pesos y que eso les da para seguir votando por ellos.
Esa euforia es pasajera, porque, como todos los momentos de felicidad son eso, precisamente, momentos, al final del mes de julio, cuando el mundial haya acabado, cuando se sepa quién es el campeón del mundo, cuando México haya sido descalificado en octavos o hasta en cuartos de final, la felicidad se irá apagando.
Los festejos en el Ángel de la Independencia, las pantallas de Paseo de la Reforma, las fiestas y los Fan Fest del Zócalo y las Alcaldías comenzarán a reducir sus participantes, las calles y avenidas de las ciudades lucirán nuevamente con embotellamientos, las clases concluirán sus ciclos escolares y la rutina volverá porque el Home Office también quedará atrás.
Para entonces, los baches de las avenidas seguirán ahí, el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México seguirá en obra, esa remodelación que debía haber estado lista para recibir a los visitantes internacionales.
El Parque elevado de San Antonio Abad o Calzada de Tlalpan seguirá sin quién camine por ahí y la ciclovía de esa misma avenida seguirá siendo un estorbo para el trabajo y la exhibición de las prostitutas y prostitutos que se venden en esa misma Calzada.
Seguramente el gobierno de la República gritará desde el Salón Tesorería de Palacio Nacional en voz de la presidenta Claudia Sheinbaum que “ganamos, la Cuarta Transformación ha logrado lo que nunca hicieron en más de 40 años los gobiernos neoliberales”.
Nadie les dirá que de ninguna manera pueden adjudicarse un éxito con los resultados de la Selección Mexicana del Futbol en la Copa Mundial 2026, porque se trata de una Federación Mundial y una Federación Nacional de Futbol que son de la Iniciativa Privada y que todos los jugadores pertenecen a equipos que tienen dueño, que son negocios y en donde el gobierno nada tiene que ver.
Los mexicanos tenemos derecho a festejar, tenemos derecho a vivir las emociones del campeonato mundial de futbol y de cualquier otro deporte, pero el gobierno no tiene derecho a colgarse ninguna medalla o asumir el fracaso como propio, en caso de que así resulte, porque se trata de un evento en el que el gobierno de México nada tiene que ver.
Lo que sí es, será y fue su responsabilidad, en el haber construido la infraestructura, las remodelaciones del equipamiento urbano y la promoción turística, de la que el gobierno preveía que tenían que disfrutar cinco millones de visitantes extranjeros que vendrían a México con motivo del mundial.
Una más de esas cuentas alegres que se anunciaron con motivo de este evento mundialista y que de ninguna manera era viable, por lo tanto, la derrama económica esperada no llegó.
Sigamos disfrutando de la unidad de los mexicanos, gocemos los triunfos de la selección mexicana y convivamos con nuestras familias, nuestros amigos y con los desconocidos con los que nos tomamos del brazo para festejar cada gol de los que ojalá sigan llegando en favor de México. Esto mientras se pueda.
El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista