Oraciones a San Lázaro. Pemex: la fe refinada. Por Ernesto Zavaleta

Oraciones a San Lázaro. Pemex: la fe refinada. Por Ernesto Zavaleta

En la política mexicana hay dogmas que sobreviven sexenios, crisis financieras, alternancias y hasta incendios.

Uno de ellos se llama Pemex. Y alrededor de la petrolera del Estado se construyó durante décadas una liturgia nacionalista donde cada gobierno promete rescatarla, modernizarla, sanearla y convertirla otra vez en palanca del desarrollo nacional.

El problema es que la realidad financiera ya no escucha sermones.

México llega a 2026 con una economía que conserva fortalezas indiscutibles: la cercanía con Estados Unidos, el T-MEC, el fenómeno del nearshoring, la capacidad exportadora manufacturera y una estabilidad macroeconómica que todavía distingue al país frente a otras economías emergentes.

Pero también arriba con heridas abiertas: bajo crecimiento, inversión insuficiente, inseguridad, baja productividad y una presión fiscal creciente derivada precisamente del rescate permanente de Pemex.

No es casualidad que S&P Global Ratings haya modificado la perspectiva de la deuda soberana y, casi de inmediato, la de Pemex y la CFE de estable a negativa.

Las calificadoras no están viendo únicamente balances financieros; observan la capacidad real del Estado mexicano para sostener un modelo energético que consume recursos públicos mientras promete rentabilidad futura que nunca termina de consolidarse.

Pemex insiste en su apuesta histórica: producir más petróleo, más gas, más refinados. La meta oficial es elevar la producción petrolera a 1.8 millones de barriles diarios y fortalecer la refinación nacional hasta alcanzar 1.5 millones de barriles diarios procesados.

En papel, el proyecto luce ambicioso. En la práctica, implica destinar cerca del 90% de la inversión de la empresa a exploración y producción mientras simultáneamente intenta refinanciar deuda, pagar proveedores y sostener operaciones deficitarias.

La paradoja es brutal: Pemex presume haber reducido su deuda financiera a 79 mil millones de dólares —el nivel más bajo desde 2014—, pero continúa siendo una de las petroleras más endeudadas del planeta.

Además, mantiene pendientes cientos de miles de millones de pesos con proveedores y contratistas. Es decir, la deuda disminuye en los discursos mientras la presión financiera se redistribuye silenciosamente hacia otros rincones de la economía.

El nuevo director de Pemex, Juan Carlos Carpio Fragoso, anunció que las prioridades en la paraestatal serán, reestructurar deuda, mejorar liquidez, pagar proveedores y estabilizar las finanzas de la empresa que punta inexorablemente a ser declarada en quiebra.

Y luego está Dos Bocas, el gran templo energético del obradorismo. La Refinería Olmeca nació prometiendo soberanía energética, combustibles baratos y autosuficiencia nacional. Su costo original rondaba los 8 mil millones de dólares. Hoy diversas estimaciones financieras la colocan arriba de los 20 mil millones. Más del doble. Una obra que terminó convirtiéndose en símbolo político antes que en modelo de rentabilidad.

Lo más delicado no es únicamente el sobrecosto, es la operación, la refinería todavía no alcanza la capacidad prometida de 340 mil barriles diarios y opera muy por debajo de sus metas originales. A ello se suman incendios, accidentes, fugas y muertes dentro del complejo, cada incidente reabre preguntas incómodas sobre seguridad industrial, planeación operativa y velocidad de implementación.

La Refinería Olmeca, conocida como Dos Bocas, ha registrado al menos seis incidentes relevantes desde que comenzó su etapa operativa, de acuerdo con reportes de medios nacionales y reportes de Pemex:

  1. marzo de 2026: incendio y explosión en la zona exterior del complejo que dejó cinco personas muertas. La FGR abrió una investigación para determinar las causas.
  2. abril de 2026: incendio en una bodega de almacenamiento de coque; Pemex informó que fue controlado y no hubo lesionados.
  3. mayo de 2026: nuevo incendio durante labores de mantenimiento cerca de un tanque de residuos; Pemex aseguró que las operaciones continuaron normalmente.
  4. mayo de 2026: reportes de una fuga operativa en tanques de residuos calientes o coque, difundidos en redes y medios digitales.
  5. agosto de 2024: accidente vehicular dentro del complejo donde murieron dos trabajadores.
  6. septiembre de 2024: incidente por exposición a gas tóxico, con una persona fallecida y otra lesionada.

Además, medios como Expansión e Infobae señalan que en 2026 se han contabilizado al menos otros tres incendios dentro o cerca de las instalaciones de la refinería.

Pero en el México político cuestionar Pemex sigue siendo casi un sacrilegio, a izquierda lo defiende como símbolo de soberanía, la oposición evita confrontarlo de fondo por temor al costo electoral. Y mientras tanto, el gobierno continúa inyectando recursos públicos bajo la lógica de que eventualmente llegará el punto de equilibrio.

El problema es que el mercado internacional ya cambió. El mundo avanza hacia la transición energética mientras México sigue apostando enormes cantidades de capital público al refinado de combustibles fósiles. Pemex habla ahora de hidrógeno verde, geotermia, captura de carbono y eficiencia energética, pero esos proyectos aún representan una fracción marginal frente al peso gigantesco de la apuesta petrolera tradicional.

La pregunta ya no es si Pemex debe existir, la verdadera discusión es cuánto más puede absorber el Estado mexicano para mantenerlo sin comprometer crecimiento, inversión y estabilidad fiscal, porque cada peso destinado al rescate permanente de la petrolera es un peso que deja de invertirse en infraestructura, salud, seguridad o educación.

En San Lázaro todos rezan por Pemex. Oficialismo y oposición incluidos. Unos piden paciencia histórica. Otros administran silencios estratégicos. Pero los mercados no creen en liturgias nacionalistas ni en conferencias mañaneras. Creen en balances, productividad y rentabilidad.

Y ahí, justamente ahí, comienza el verdadero problema. Lo niegan.

Mientras, la agenda discursiva se debate entre la extradición de posibles narcos, cuándo se deben repartir los acordeones y que hacer en caso de que Estados Unidos nos invada… hasta con ideas. Y con el mundial en la puerta el país no avanza.

El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista