OMS y OPS ofrecen una guía para familias que comienzan a comprender el autismo
Las organizaciones Mundial y Panamericana de la Salud (OMS/OPS) coinciden en que las intervenciones basadas en evidencia mejoran el desarrollo y fortalecen el vínculo familiar de los menores con autismo. Y el bienestar de las madres, padres y cuidadores es esencial: cuidar al cuidador es cuidar a la familia completa.
La evidencia científica es clara: los apoyos oportunos tienen un impacto significativo en la trayectoria de desarrollo. Y no se limitan a la infancia.
“El cerebro autista requerirá acomodaciones en distintas etapas”, señala Bautista.
Entre los apoyos más valiosos se menciona:
• Intervenciones en comunicación y lenguaje.
• Programas de habilidades sociales y regulación emocional.
• Apoyos conductuales positivos.
• Terapia ocupacional para desafíos sensoriales.
• Acompañamiento para el empleo, la vida adulta y las relaciones.
• Capacitación y apoyo continuo para las familias.
La neuropsiquiatra Paola Bautista, especialista en neurodesarrollo, ofrece una claridad esencial: “El diagnóstico no cambia quién es su hija o hijo. Cambia la manera en que podemos acompañarles.”
En un mundo lleno de información contradictoria, la especialista aconseja evitar mensajes alarmistas y “curas milagrosas. Es fundamental buscar fuentes confiables, acercarse al equipo de salud y avanzar paso a paso.”
Cuando las familias comprenden mejor el desarrollo de su hija o hijo y reciben herramientas prácticas, el estrés disminuye y el entorno se vuelve más favorable para el aprendizaje. “El trabajo con familias es tan importante como el apoyo directo a la persona autista. Cuidar a quienes cuidan es parte del proceso.”
Para muchas familias, el camino hacia la comprensión del autismo comienza con una intuición: la sensación de que algo en el desarrollo de su hija o hijo no encaja del todo con lo esperado. Esa incertidumbre, común a miles de hogares, se acompaña de dudas, emociones intensas y preguntas sobre el futuro.
La experiencia clínica demuestra que el autismo no se manifiesta igual en todas las personas ni en los mismos momentos. Algunas señales son visibles desde la primera infancia; otras se enmascaran gracias a habilidades cognitivas o comunicativas. Esto explica por qué muchas personas, especialmente mujeres, reciben un diagnóstico hasta la adolescencia o incluso en la adultez.
Por ello, Bautista invita a confiar en la intuición: “Cuando una familia siente que algo no encaja, es importante escucharlo y buscar una evaluación especializada.” Recibir un diagnóstico puede generar miedo, incertidumbre o la sensación de enfrentar un futuro desconocido. Sin embargo, para la especialista, este momento es un punto de partida: un mapa que permite comprender sensibilidades, formas de aprender y necesidades de apoyo. “No es el final de nada. Es el inicio de un proceso de comprensión para la persona y para quienes la aman.”
Durante décadas, los estereotipos redujeron el autismo a imágenes simplificadas y erróneas. Hoy, la ciencia ofrece una visión más amplia: el autismo es un espectro, una diversidad de perfiles, habilidades y necesidades.
“No existe una única forma de ser una persona autista”, explica Bautista. Algunas personas requieren apoyos intensivos durante toda la vida; otras estudian, trabajan y viven con distintos niveles de autonomía.
Las trayectorias pueden ser heterogéneas: habilidades que avanzan rápido conviven con otras que requieren más tiempo. Mientras algunas infancias desarrollan lenguaje temprano, otras lo hacen más tarde o necesitan sistemas alternativos de comunicación. Algunas personas destacan en música, lógica, arte o memoria visual, mientras enfrentan desafíos en la organización, la interacción social o el autocuidado.
La clave, insiste Bautista, es mirar a la persona, no a la etiqueta:
“Comprender esta diversidad es fundamental para ofrecer apoyos individualizados. Cada persona autista tiene su propio perfil de fortalezas y necesidades.”