OMC admite rezago ante subsidios y tensiones geopolíticas; urge reforma para recuperar credibilidad
Por redacción
La Organización Mundial del Comercio enfrenta crecientes presiones para adaptarse a una economía global más fragmentada, marcada por subsidios industriales, disputas geopolíticas y cadenas de suministro vulnerables, advirtió el economista jefe del organismo, Robert Staiger.
A casi tres meses de la XIV Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC), celebrada en Yaundé, Camerún, el economista jefe del organismo, Robert Staiger, sostuvo que la institución requiere una reforma “realista” para recuperar capacidad de respuesta frente a los desafíos que enfrenta el comercio internacional.
En un balance de los resultados de la reunión ministerial, Staiger afirmó que los 166 miembros de la OMC siguen reconociendo el valor del sistema multilateral de comercio, pero coincidieron en que la organización ya no puede dar por sentada su relevancia sin cambios de fondo.
“La reforma ya no es una aspiración administrativa; es una cuestión de renovación institucional”, señaló el funcionario, quien asumió el cargo en enero de este año.
Entre las principales preocupaciones identificadas por los miembros destacan la incapacidad de la OMC para responder con eficacia a fenómenos como el exceso de capacidad productiva, los subsidios industriales, las prácticas no comerciales, las restricciones justificadas por motivos de seguridad nacional y las vulnerabilidades en las cadenas globales de suministro.
Staiger reconoció que algunos de estos problemas rebasan el ámbito de acción del organismo, pero subrayó que los países esperan una respuesta más efectiva mediante nuevas reglas, mayor transparencia y mecanismos de supervisión más sólidos.
Uno de los temas que concentró mayor atención fue la dificultad para alcanzar acuerdos bajo el sistema de consenso que rige las decisiones de la organización. Aunque los miembros siguen considerando este principio como una garantía de legitimidad e inclusión, también admitieron que se ha convertido frecuentemente en una fuente de bloqueos y retrasos.
Ante ello, cobró fuerza la discusión sobre ampliar el uso de acuerdos plurilaterales, es decir, negociaciones impulsadas por grupos de países dispuestos a avanzar en determinados temas sin esperar la unanimidad de todos los integrantes.
Otro de los focos de preocupación fue la falta de transparencia en las políticas comerciales. Los miembros señalaron que el incumplimiento recurrente de las obligaciones de notificación, particularmente en materia de subsidios, ha erosionado la confianza en la institución y dificulta tanto la supervisión como la negociación de nuevas disciplinas.
“El fortalecimiento de la transparencia se ha convertido en una de las pruebas más claras de la credibilidad de la OMC”, sostuvo Staiger.
La agenda de reforma también coloca al desarrollo económico en el centro de las discusiones. Los países en desarrollo demandaron mecanismos más eficaces de trato especial y diferenciado, asistencia técnica para implementar los acuerdos comerciales y mayores apoyos para las economías vulnerables y los países menos adelantados.
Asimismo, los miembros reiteraron la necesidad de establecer un sistema funcional de solución de controversias, considerado uno de los pilares fundamentales del comercio basado en reglas y particularmente relevante para las economías con menor capacidad de influencia económica.
Staiger señaló que otro de los desafíos consiste en preservar principios históricos de la organización, como la cláusula de nación más favorecida y la no discriminación, en un contexto donde proliferan medidas unilaterales, políticas industriales agresivas y restricciones comerciales vinculadas a objetivos estratégicos nacionales.
La conferencia ministerial dejó en evidencia que las diferencias entre los miembros persisten respecto a qué constituye una competencia justa. Mientras algunas economías señalan como principal problema los subsidios estatales y el exceso de capacidad industrial, otras insisten en que la equidad también implica corregir desequilibrios históricos en agricultura, financiamiento y desarrollo.
Pese a estas divergencias, Staiger concluyó que existe una coincidencia creciente en torno a la necesidad de modernizar la organización para evitar que pierda relevancia como foro central de negociación comercial y garante de un sistema internacional basado en reglas.