Mujeres con Poder. El centro del comercio mundial se desplaza a Asia. Por Erika Azúara
Durante décadas, el comercio internacional giró principalmente hacia Estados Unidos y Europa. Para México, esta relación ha sido natural por nuestra ubicación geográfica, por los tratados comerciales y por la integración de nuestras cadenas de suministro. Sin embargo, el mundo está cambiando y el centro de gravedad de la economía global se desplaza cada vez más hacia Asia.
La pregunta que debemos hacernos no es si Asia representa una oportunidad para nuestros negocios. La verdadera pregunta es si nosotros estamos preparados para hacer negocios con Asia.
Recientemente tuve la oportunidad de encabezar una misión comercial a Taipéi, Taiwán, una experiencia que permitió confirmar algo que desde hace algunos años diversos analistas económicos vienen señalando: Asia no solamente produce tecnología, también produce una cultura empresarial basada en la disciplina, la innovación permanente, la visión de largo plazo y la construcción de relaciones de confianza.
Mientras en Occidente solemos concentrarnos en cerrar una negociación lo más rápido posible, en muchos países asiáticos primero se construye la relación personal. La confianza antecede al contrato. La reputación vale tanto como el producto. Y el compromiso adquirido tiene un peso que trasciende el documento firmado.
Este enfoque obliga a los empresarios mexicanos a desarrollar nuevas habilidades. No basta con ofrecer calidad y precios competitivos. Es indispensable comprender las diferencias culturales, respetar los tiempos de negociación y demostrar que nuestras empresas son socios confiables para proyectos de largo plazo.
Otro aspecto que llamó mi atención fue la enorme inversión que realizan en investigación, desarrollo tecnológico y capacitación del talento. En economías como la de Taiwán, la innovación no es un departamento dentro de la empresa; forma parte de la estrategia de crecimiento. Se entiende que competir en los mercados internacionales exige evolucionar constantemente.
México cuenta con ventajas importantes. Tenemos una ubicación privilegiada, una industria manufacturera sólida, talento altamente competitivo y una red de tratados comerciales que pocos países poseen. Sin embargo, estas fortalezas, por sí solas, ya no garantizan el éxito.
El empresario del siglo XXI necesita desarrollar una visión global. Debe comprender que los mercados asiáticos no solo representan clientes potenciales, sino también aliados estratégicos para la transferencia tecnológica, la inversión, la innovación y la integración de nuevas cadenas de valor.
Las oportunidades están ahí. Sectores como la agroindustria, dispositivos médicos, manufactura especializada, tecnologías de la información, energías limpias y alimentos con valor agregado encuentran en Asia mercados con enorme potencial. Pero esas oportunidades favorecen únicamente a quienes se preparan para aprovecharlas.
Hoy competir ya no significa únicamente producir más barato. Significa producir mejor, innovar más rápido y construir relaciones empresariales duraderas que generen confianza mutua.
Quizá el mayor aprendizaje que deja una misión comercial no sea la cantidad de reuniones sostenidas o los acuerdos que puedan concretarse en el corto plazo. El verdadero aprendizaje consiste en descubrir nuevas formas de pensar los negocios y comprender que la competitividad comienza por la disposición a aprender de quienes hacen las cosas de manera diferente.
Asia no espera a nadie. Está definiendo buena parte del futuro económico del mundo. La decisión que corresponde a los empresarios mexicanos es sencilla, pero trascendental: observar ese cambio desde la distancia o prepararnos para ser protagonistas de esa nueva realidad.
Porque, al final, los mercados internacionales no premian únicamente a las empresas más grandes. Premian a las empresas que entienden hacia dónde se mueve el mundo y tienen la capacidad de llegar antes que los demás.
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