Mujeres con Poder. 2027: el verdadero reto será el costo de hacer empresa. Por Erika Azuara
Los empresarios solemos comenzar cada ciclo haciendo cuentas: cuánto queremos vender, cuánto podemos crecer, dónde vamos a invertir y qué nuevos proyectos podemos emprender.
Pero rumbo a 2027 quizá tengamos que comenzar con una pregunta diferente: ¿cuánto nos va a costar seguir haciendo empresa en México?
No me refiero únicamente a los impuestos. Hablo del costo completo de mantener una empresa funcionando: financiamiento, energía, seguridad, nómina, logística, cumplimiento de obligaciones, tecnología y, por supuesto, la carga administrativa y fiscal.
Cada uno de estos elementos termina reflejándose en algo muy concreto: la capacidad de una empresa para invertir, contratar personal y crecer.
Y ése debería ser uno de los temas centrales de la conversación económica del país.
México necesita empresas fuertes. Necesita emprendedores que quieran abrir negocios, pequeñas empresas que puedan convertirse en medianas y compañías medianas capaces de dar el siguiente paso.
Porque detrás de cada empresa que crece hay empleos, proveedores, familias y comunidades enteras que también avanzan.
Por eso, cuando hablamos de aumentar la recaudación o de fortalecer las finanzas públicas, debemos hacerlo entendiendo que existe otro lado de la ecuación: necesitamos conservar las condiciones para que las empresas puedan producir más.
Un país no puede construir prosperidad solamente recaudando más. También necesita generar más.
Y para generar más se requiere inversión.
Éste es precisamente uno de los grandes retos que tendremos por delante.
Cuando un empresario percibe incertidumbre, enfrenta costos financieros elevados o no tiene claridad sobre las reglas que deberá cumplir, muchas veces no cancela definitivamente una inversión. Simplemente la pospone.
El problema es que cuando miles de empresarios toman esa misma decisión, el efecto termina sintiéndose en toda la economía.
Se compra menos maquinaria. Se abren menos sucursales. Se contrata menos personal. Se desarrollan menos proyectos.
Por eso necesitamos recuperar una palabra fundamental para cualquier economía: confianza.
La confianza no se construye con discursos. Se construye con reglas claras, seguridad, infraestructura, energía suficiente, instituciones que funcionen y condiciones que permitan planear más allá de los próximos meses.
Pero también sería demasiado sencillo colocar toda la responsabilidad fuera de nuestras empresas.
Los empresarios tenemos nuestra propia tarea.
Si hacer empresa será más costoso, tendremos que hacerla mejor.
Necesitamos revisar procesos, eliminar gastos que no generan valor, profesionalizar nuestras organizaciones, capacitar a nuestra gente y adoptar tecnología que realmente mejore la productividad.
La inteligencia artificial, por ejemplo, ya no debería verse como una curiosidad tecnológica reservada para las grandes corporaciones. Para una PyME puede representar una herramienta para administrar mejor, vender más, atender clientes, analizar información y reducir horas de trabajo administrativo.
El empresario que consiga producir mejor con los mismos recursos tendrá una ventaja enorme en los próximos años.
También necesitamos mirar hacia nuestras cadenas de proveeduría.
México tiene frente a sí la oportunidad de fortalecer su participación en las cadenas productivas de Norteamérica. Pero esa oportunidad sólo tendrá verdadero impacto en nuestra economía si conseguimos que más empresas mexicanas participen en ellas.
No basta con atraer inversiones multimillonarias.
Tenemos que preguntarnos cuántas PyMEs mexicanas pueden convertirse en proveedoras de esas compañías, qué necesitan para certificarse y qué debemos hacer para ayudarlas a alcanzar los estándares que exige el mercado internacional.
Ahí puede estar una de las grandes oportunidades de la próxima década.
Gobierno y empresarios no tienen que pensar igual en todo. Lo que sí necesitan comprender es que comparten una responsabilidad: generar las condiciones para que México produzca, invierta y genere mejores empleos.
Necesitamos finanzas públicas sanas, pero también empresas sanas.
Necesitamos recaudación, pero también inversión.
Necesitamos cumplir obligaciones, pero también facilitar que quien quiere emprender, producir y generar empleo pueda hacerlo.
Porque al final existe una realidad que no deberíamos olvidar: detrás de los grandes indicadores económicos hay personas tomando decisiones todos los días.
Hay una empresaria preguntándose si abre una segunda sucursal.
Un emprendedor decidiendo si contrata a su primer empleado.
Una empresa familiar evaluando si compra nueva maquinaria.
Y una PyME preguntándose si éste es el momento de crecer o de esperar.
De las respuestas a esas pequeñas decisiones dependerá buena parte del crecimiento del país.
Por eso, rumbo a 2027, la pregunta no debería ser solamente cuánto puede recaudar México.
También deberíamos preguntarnos qué necesitamos hacer para que más mexicanos quieran invertir, emprender y seguir haciendo empresa aquí.
Porque cuando una empresa crece, México también crece.
El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista