La Visión de la Frontera. T-MEC: el carril que los transportistas no deben dejar pasar. Por Pedro Lozano Martínez

La Visión de la Frontera. T-MEC: el carril que los transportistas no deben dejar pasar. Por Pedro Lozano Martínez

Hay una paradoja en la revisión del T-MEC: mientras México negocia con Estados Unidos reglas de origen, acero, aluminio, automóviles, agricultura y seguridad económica, uno de los sectores que hace posible que todo ese comercio ocurra —el autotransporte de carga— buscamos ocupar el lugar que corresponde en la fotografía.

Y eso importa. Mucho.

El autotransporte mueve más de 80 por ciento de las mercancías del país y está detrás de buena parte de las cadenas productivas que cruzan diariamente la frontera. El propio presidente de la CANACAR, Augusto Ramos Melo, ha insistido en que el sector debe ser considerado de manera transversal en la revisión del acuerdo, pues participa en más de un centenar de ramas industriales.

Pero hay que poner las cosas en su justa dimensión: hasta ahora no existe un gran “acuerdo T-MEC” específico para los transportistas mexicanos. Lo que sí se ha conseguido en las recientes rondas de negociación son avances que pueden terminar siendo mucho más importantes para ellos de lo que parece.

El primero es la certidumbre.

México consiguió mantener vigente el T-MEC hasta 2036, aunque el mecanismo de revisión será anual. Para un sector que mueve mercancías, inversiones y cadenas de suministro, evitar una ruptura del tratado es, por sí mismo, un activo.

La Secretaría de Economía reportó después de la tercera ronda que 85 por ciento de las exportaciones mexicanas mantienen arancel cero.

Traducido al lenguaje de las carreteras: mientras exista acceso preferencial para la mercancía mexicana, habrá carga que transportar.

El segundo avance está en la integración regional.

México y Estados Unidos acordaron continuar trabajando para fortalecer las cadenas de suministro de América del Norte y establecer un comité para revisar la implementación del Capítulo 12 del T-MEC, relativo a los anexos sectoriales, con el propósito de mejorar la compatibilidad regulatoria.

Parece un asunto burocrático, pero para el transportista no lo es.

Cada diferencia regulatoria, cada trámite duplicado, cada requisito adicional y cada minuto perdido en una frontera termina convertido en costo. Y ese costo lo paga alguien: el transportista, el exportador, el importador o, finalmente, el consumidor.

El tercer punto es quizá el más estratégico: la negociación está colocando sobre la mesa la necesidad de fortalecer las cadenas productivas norteamericanas y reducir la dependencia de proveedores externos. En la tercera ronda, México y Estados Unidos hablaron precisamente de fortalecer cadenas regionales y enfrentar el llamado free riding de países que no forman parte del tratado.

Ahí está una oportunidad enorme para los transportistas mexicanos.

Porque si más componentes, partes, mercancías y procesos productivos se quedan en México, Estados Unidos y Canadá, habrá más cruces fronterizos, más kilómetros recorridos y mayor demanda de servicios logísticos.

Pero también hay una advertencia.

El autotransporte no puede conformarse con que le digan que el T-MEC es bueno porque habrá más carga. La revisión debe traducirse en mejores condiciones para moverla.

La propia CANACAR ha señalado que la seguridad, la infraestructura, la certeza jurídica y la disponibilidad de operadores son factores determinantes para la competitividad. Y los datos sobre violencia en carretera siguen siendo preocupantes, aunque debemos reconocer los avances que en la materia ha reportado el gobierno federal, donde se señala una reducción del 37% en este tipo de delitos.

Es decir, de poco sirve tener un tratado comercial competitivo si el camión no puede llegar seguro a la frontera.

También está el problema de los cruces.

En la frontera norte, CANACAR ha advertido que modificaciones en los puntos de cruce pueden provocar saturación y costos adicionales. En Ciudad Juárez, por ejemplo, el organismo ha participado en gestiones para preservar el cruce de carga por el puente Córdova-Américas, ante propuestas para cerrar carriles comerciales.

Ése debería ser uno de los grandes temas de la revisión: que el T-MEC no termine en la aduana.

México puede negociar reglas de origen extraordinariamente complejas, pero si un tractocamión permanece horas esperando para cruzar, la competitividad se evapora.

Y hay otro asunto que no debería perderse de vista: el acceso de las empresas mexicanas al mercado estadounidense.

Hoy la presencia directa de transportistas mexicanos en Estados Unidos continúa siendo pequeña. Un análisis publicado por El Financiero señalaba que apenas 82 empresas mexicanas operaban en territorio estadounidense con alrededor de mil 474 unidades, frente a un mercado estadounidense de dimensiones muchísimo mayor.

Ahí está quizá la gran asignatura pendiente.

Si México va a defender la integración económica de América del Norte, también debe defender una integración logística más equilibrada.

No se trata de abrir la puerta al cabotaje indiscriminado ni de desconocer las reglas estadounidenses. Se trata de que las empresas mexicanas tengan condiciones claras, previsibles y recíprocas para participar en el comercio transfronterizo.

Porque la realidad es contundente: México puede fabricar la pieza, Estados Unidos puede ensamblarla y Canadá puede recibirla, pero alguien tiene que moverla.

Y ese alguien, en buena medida, somos los transportistas mexicanos.

Por eso los avances de las negociaciones deben medirse más allá de los comunicados oficiales. Mantener el T-MEC, preservar el acceso arancelario preferencial, fortalecer las cadenas regionales y avanzar en la compatibilidad regulatoria son buenas noticias. ([Gobierno de México][3])

Pero el verdadero éxito llegará cuando esos acuerdos se conviertan en menos tiempos de espera, mejores cruces fronterizos, mayor seguridad en carretera, renovación de flotas, más operadores y reglas que permitan competir en igualdad de condiciones.

El T-MEC se negocia en las oficinas de Washington y Ciudad de México.

Pero sus resultados se prueban en la carretera.

Y ahí, entre una frontera y otra, es donde los transportistas sabremos si realmente ganamos algo en esta revisión.

El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista