La Opinión de Carolina Viggiano. Ni izquierda, ni derecha. Pa’ delante. Por Carolina Viggiano Austria
El pasado 7 de junio, los coahuilenses no solo eligieron diputados locales. Evaluaron dos modelos. Uno basado en la seguridad, el crecimiento económico y la estabilidad. Otro sostenido más en la narrativa que en los resultados. El veredicto fue contundente: los 16 distritos en disputa fueron ganados por la coalición encabezada por el PRI.
Pese a que el Gobierno Federal destinó más de 16 mil 400 millones de pesos al año en programas sociales para Coahuila -casi 44 millones diarios- y a que Morena apostó por ampliar aceleradamente el padrón de beneficiarios en la entidad, los coahuilenses demostraron que esos apoyos son un derecho, no una moneda de cambio. Al votar, privilegiaron la seguridad, la paz y la estabilidad. También enviaron otro mensaje: los programas sociales no pertenecen a ningún partido. Son derechos ciudadanos. Por eso decidieron conservar tanto los apoyos como los buenos gobiernos.
Y esa decisión tiene una explicación. Coahuila sabe lo que significa perder la tranquilidad. Hace poco más de una década vivió algunos de los momentos más difíciles de su historia. Por eso entiende que la seguridad no es un discurso; es la condición para que todo lo demás sea posible.
Los resultados están a la vista. En 2024, Coahuila registró una tasa de cuatro homicidios por cada cien mil habitantes, según el INEGI. Baja California registró 65; Sonora, 33; Tamaulipas, 21; y Nuevo León, 27. Coahuila contabilizó 131 homicidios, frente a más de 2 mil 500 en Baja California.
Nada de esto es producto de la casualidad. Desde 2012, el estado emprendió una ruta sostenida para recuperar la paz mediante instituciones más sólidas y coordinación efectiva. México Evalúa lo ha señalado como un caso positivo, destacando que, pese a compartir frontera con entidades afectadas por el crimen organizado, no comparte sus niveles de violencia.
Y donde hay seguridad llegan las oportunidades.
En abril de 2026, Coahuila generó 12 mil 457 nuevos empleos formales y hoy es el estado con mayor formalidad laboral del país. También destaca por su capacidad para atraer inversión.
En educación se ubica entre las entidades con mayor escolaridad promedio, menor rezago educativo y mejores resultados de aprendizaje.
La ecuación es sencilla: donde hay seguridad y certeza llega la inversión; donde hay inversión hay empleo; donde hay empleo hay oportunidades.
Por eso la alternancia nunca ha sido una moda para los coahuilenses. Han visto los resultados de distintos gobiernos en estados vecinos y saben que cambiar por cambiar no garantiza mejorar.
La elección también dejó una lección política. Cuando una sociedad valora lo que ha construido y percibe riesgos de retroceso, el voto se concentra. No es casualidad que tres partidos hayan perdido su registro local.
También ese fue un mensaje de las urnas.
Porque Coahuila no es una promesa. Es la prueba de que la seguridad sí puede recuperarse y mantenerse; de que la inversión llega cuando existe certeza; y de que el desarrollo no depende de consignas ideológicas, sino de gobiernos capaces.
Nada de esto ocurrió por casualidad. Es resultado de décadas de trabajo institucional y de gobiernos que entendieron que la seguridad, el desarrollo económico y la educación deben fortalecerse generación tras generación.
Los resultados de esta elección también reconocen el liderazgo del gobernador Manolo Jiménez, quien ha dado continuidad a ese esfuerzo colectivo y fortalecido un modelo de gobierno que hoy ofrece resultados para las familias coahuilenses.
Por eso Coahuila ha decidido no perderse en las trincheras del debate nacional.
Ni izquierda, ni derecha. Pa’ delante.
@caroviggiano
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