La Opinión de Carolina Viggiano. México dejó de planear. Por Alma Carolina Viggiano Austria
México necesita recuperar una visión de Estado. Volver a planear, fortalecer sus instituciones y colocar nuevamente el mérito, la capacidad y el conocimiento en el centro de las decisiones públicas. Porque el futuro no se improvisa: se construye
Los países no se rezagan de un día para otro. Empiezan a hacerlo cuando dejan de pensar en el largo plazo. Cuando la urgencia sustituye a la estrategia y la siguiente elección desplaza a la siguiente generación.
Gobernar exige resolver los problemas del presente y preparar al país para los desafíos del futuro. Hoy México está fallando en ambas tareas.
La inseguridad sigue afectando a millones de familias. El sistema de salud no ha recuperado su capacidad de atención. Las carreteras se deterioran, la crisis del agua se agrava, Pemex enfrenta una situación financiera cada vez más compleja y el sistema eléctrico opera con un margen de seguridad cada vez menor.
El problema, sin embargo, no es solo el presente. Es el futuro.
Durante décadas, con aciertos y errores, México construyó instituciones, infraestructura y capacidades para sostener el desarrollo. Se levantaron presas, carreteras, universidades, centrales eléctricas y organismos especializados para planear, evaluar y prevenir riesgos. Muchas decisiones trascendían a un sexenio porque respondían a una visión de Estado.
La mejor prueba de que esa visión se perdió es el manejo de la deuda pública. Hoy supera los 20 billones de pesos y alcanzó niveles históricos; cerca de la mitad se contrató en los últimos siete años. Ya rebasa el 50% del PIB y equivale aproximadamente a dos años completos de ingresos presupuestarios del gobierno federal.
Esa carga limitará durante décadas la capacidad del Estado para invertir en infraestructura, salud, educación y seguridad. Mientras disminuyen los ingresos petroleros y aumentan obligaciones como las pensiones, se trasladó la factura a las siguientes generaciones para financiar decisiones del presente.
La misma lógica explica la desaparición de instituciones. En nombre del combate a la corrupción se eliminaron fondos, fideicomisos y organismos que podían corregirse y fortalecerse, pero cuya desaparición significó perder experiencia técnica y capacidad institucional. El FONDEN y el INEE son dos ejemplos de decisiones que debilitaron al Estado sin resolver los problemas que decían combatir.
A ello se suma el desplazamiento del conocimiento técnico. Gobernar exige experiencia. Ingenieros, médicos, economistas, hidrólogos, especialistas en energía, educación, seguridad y protección civil no son un lujo burocrático; son quienes permiten anticipar problemas y diseñar soluciones. La lealtad puede ser una virtud en la política, pero el mérito y la capacidad son obligaciones en el gobierno.
Los contrastes son evidentes. Antes se planeaban nuevas presas; hoy se reparten pipas. Antes se construían corredores carreteros para impulsar el desarrollo; hoy el debate gira alrededor del bacheo.
Antes se exploraban nuevos yacimientos para garantizar la energía del futuro; hoy se intenta contener el deterioro de la infraestructura existente.
Los países que progresan fortalecen instituciones, conservan el conocimiento técnico y planean más allá de un periodo de gobierno. Los que renuncian a hacerlo terminan administrando crisis que pudieron evitar.
México necesita recuperar una visión de Estado. Volver a planear, fortalecer sus instituciones y colocar nuevamente el mérito, la capacidad y el conocimiento en el centro de las decisiones públicas. Porque el futuro no se improvisa: se construye.
@caroviggiano
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