La Opinión de Carolina Viggiano. La arrogancia de autodenominarse la Cuarta Transformación. Por Alma Carolina Viggiano Austria

La Opinión de Carolina Viggiano. La arrogancia de autodenominarse la Cuarta Transformación. Por Alma Carolina Viggiano Austria

Una jefa de Estado no debe usar el tiempo, la tribuna y los recursos de todas y todos los mexicanos para actuar como dirigente partidista. Mucho menos para decidir quién conoce la historia, quién puede hablar en nombre de México y quién merece ser descalificado.

Eso está haciendo la Presidenta Claudia Sheinbaum. No ofrece una reflexión histórica; construye una operación política: pretende que aceptemos un solo hilo conductor, una interpretación válida y un heredero exclusivo de México: Morena.

Reinterpretan la historia con una división cómoda: los buenos son los mexicas, los insurgentes, los liberales y los revolucionarios; los malos, los españoles, realistas, conservadores y porfiristas. Ellos se proclaman herederos de los primeros; quienes no pertenecen a su movimiento quedan del lado de los enemigos de México.

El doble rasero es evidente: cuando López Obrador viajaba a la OEA a denunciar, era internacionalista; hoy, quien exige lo mismo es conservador y aliado de un imperio extranjero.

Por eso, con enorme arrogancia, se autodenominaron la Cuarta Transformación. No esperaron el juicio de la historia: se dieron el nombre, el número y la medalla. Se colocaron a la altura de la Independencia, la Reforma y la Revolución.

Pero esos procesos fueron complejos, tuvieron consecuencias profundas y dieron forma a nuestro país. Pertenecen a todas y todos los mexicanos. En ellos se sembraron el nacionalismo y el orgullo de ser mexicanos.

Dicen reivindicar al indígena, pero lo condenan a una vida sin educación, salud ni seguridad; se dicen hijos de Cuauhtémoc, pero desoyen a quienes les exigen respeto a sus tierras, como en la Isla Tiburón, Sonora.

Morena pretende ser la “transformación de la vida pública”. Andrés Manuel López Obrador incluso habló de “purificar la vida pública”.

¿De qué purificación hablan?

De un gobierno que guarda silencio ante graves señalamientos de alianzas electorales con el crimen organizado; que permite el huachicol fiscal y en el que Segalmex desvió recursos destinados a las familias más pobres, mientras los responsables políticos no rinden cuentas. Eso sí es robar y traicionar al pueblo de México.

La soberbia consiste en administrar la memoria nacional desde el poder y hacer de ella propaganda del gobierno.

Su narrativa tiene un propósito: si Morena es el destino inevitable de la historia, toda crítica parece traición, toda discrepancia un retroceso y toda exigencia de resultados una falta de patriotismo. Así cancelan el debate democrático.

También prometieron no mentir, pero quieren imponer una versión de México donde, antes de ellos, no hubo instituciones, avances ni luchas sociales.

Prometieron una “revolución de las conciencias”. Pero una conciencia no se forma con consignas ni obediencia. Se forma con escuelas dignas, lectura, ciencia, pensamiento crítico y oportunidades para salir adelante.

Eliminar las escuelas de tiempo completo y abandonar a millones de niñas y niños que necesitaban ese apoyo no es una revolución de las conciencias. Es traicionar el futuro.

México no necesita una historia oficial ni una Presidenta que divida entre quienes pertenecen a la nación y quienes no.

Morena piensa que México nació en 2018 y que ser mayoría le da derecho a todo, incluso a no rendir cuentas.

La historia no tiene dueño. Y no se hereda por decreto.

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