Hola Paisano. El Mundial de los migrantes… y del miedo. Por Daniel Lee

Hola Paisano. El Mundial de los migrantes… y del miedo. Por Daniel Lee

A unos días de que arranque la Copa Mundial de Futbol en Norteamérica, un dato debería encender todas las alarmas.

El 65 por ciento de los estadounidenses se opone a que agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) patrullen los estadios durante el torneo. El rechazo aumenta hasta el 68 por ciento entre los propios aficionados al futbol y alcanza al 74 por ciento de los votantes independientes. Lo anterior, según una encuesta del Washington Post y la Universidad de Maryland.

Pero aquí una primera reflexión. No se trata de una protesta aislada de activistas, defensores de derechos humanos o comunidades migrantes. Es una posición mayoritaria de la sociedad estadounidense.

La razón es sencilla: millones de personas entienden que un evento concebido para unir culturas no puede convertirse en una extensión de la política migratoria. El futbol vende inclusión, convivencia y diversidad. La presencia de agentes migratorios en los recintos deportivos transmite exactamente el mensaje contrario: vigilancia, temor e incertidumbre.

El contraste es aún mayor cuando se observa quiénes sostienen buena parte de la vida económica y social de las ciudades mundialistas. El torneo se disputará en once áreas metropolitanas donde viven millones de personas nacidas fuera de Estados Unidos.

Tan solo en Nueva York y Nueva Jersey, sede de la final, residen alrededor de seis millones de inmigrantes. En Los Ángeles viven más de cuatro millones. Miami registra la mayor proporción de población nacida en el extranjero entre todas las sedes, con un 42 por ciento. Houston, Dallas, San Francisco y Seattle también son territorios profundamente marcados por la migración.

En otras palabras, el Mundial se jugará en ciudades construidas por inmigrantes.
Serán inmigrantes quienes atenderán hoteles, restaurantes y centros turísticos.

Serán inmigrantes quienes trabajarán en servicios de limpieza, transporte, logística y alimentación. Serán inmigrantes quienes llenarán las gradas, consumirán productos oficiales y generarán una parte importante de la derrama económica que la FIFA y las autoridades estadounidenses esperan obtener. El torneo depende de ellos mucho más de lo que algunos políticos están dispuestos a reconocer.

Por eso resulta especialmente preocupante la ambigüedad del gobierno federal respecto al papel que desempeñará ICE durante la competencia. Mientras algunos funcionarios afirman que las tareas estarán enfocadas en combatir el tráfico de personas o la comercialización de mercancía falsificada, otros se han negado a descartar operaciones migratorias en las inmediaciones de los estadios. La falta de claridad no tranquiliza a nadie; por el contrario, alimenta el miedo.

Ese temor no es una percepción exagerada. Organizaciones binacionales mexicanas han advertido durante meses que las operaciones migratorias en Estados Unidos han evolucionado hacia esquemas cada vez más agresivos de vigilancia y control. Diversos líderes comunitarios han denunciado que muchas familias mexicanas viven actualmente bajo una presión constante, evitando espacios públicos o grandes concentraciones por temor a ser identificadas o detenidas.

La organización #FuerzaMigrante, por ejemplo, ha sostenido que la comunidad mexicana enfrenta uno de los ambientes más hostiles de los últimos años y ha pedido que los eventos internacionales celebrados en Estados Unidos cuenten con garantías claras de respeto a los derechos humanos y de protección contra cualquier práctica discriminatoria. El argumento es contundente: ningún aficionado debería preguntarse si asistir a un partido podría poner en riesgo su estabilidad familiar.

ABRAZO FUERTE

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