Esencia de Mujer. Candil de Cuba, oscuridad de México. Por Yazmín Alessandrini
Vaya, vaya, vaya… qué conveniente y oportuno. Justo cuando el peso de los acontecimientos y la narrativa actual comenzaban a ponerlo justo en donde debería morar (en el olvido total y permanente), el expresidente López Obrador salió de su falso retiro para hacer lo único que sabe hacer que, dicho sea de paso, lo hace muy bien: enconar, dividir y polemizar. Porque, a final de cuentas, esa es la especialidad del tabasqueño: separar a todos los mexicanos en dos bandos para echarlos a pelear al tiempo que él se burla y se regocija mientras arde Troya.
Así ha sido, así es y así será siempre con este sujeto de ego descomunal y nula empatía. O como reza el refrán: “Siembra tormentas y cosecharás tempestades”. ¿Verdad, don Andrés Manuel?
Y la historia se repite. O, mejor dicho, el modus operandi ser siempre el mismo: la asociación civil Honestidad Valiente, en 2005; el Fideicomiso Por los Demás, dizque para ayudar a los damnificados por los sismos del 2017; la no rifa del avión presidencial en 2020, y ahora con la asociación civil Humanidad con América Latina, supuestamente creada, vía fast track para ayudar al pueblo cubano del voraz exterminio por parte de los ambiciosos gringos y el bocazas Donal Trun.
Obviamente para que el melodrama cuaje hay que invocar lo que conocemos como la cláusula Rosa de Guadalupe, esa que se alimenta y engorda mediante el exacerbamiento de los estereotipos patrioteros más chafas y la cual va dirigida directamente a los soldados rasos del ejército social del obradorismo: las clases bajas, los pobres, los que menos tienen. Justo a ellos va dirigido el mensaje de “ustedes, mis fieles acólitos, los verdaderos usufructuarios de la austeridad republicana y la pobreza franciscana, sólo ustedes, hijos míos, son los únicos que pueden salvar al heroico pueblo cubano de esta atrocidad”.
¡Sí, claro!, porque para que el mensaje cuaje hay que dirigirlo hacia la capa social más marginada de la sociedad: Los pobres.
Eso pega más en términos mediáticos y de marketing que en lugar de pasar la charola entre los bodoques López Beltrán y sus primos, entre “la señora esa que al parecer tiene dinero” (su nuera), entre los Alfonso Romo, entre los ministros del acordeón (los más nuevos ricos del bienestar), entre los expriistas a los que la 4T premió con embajadas, entre los contratistas de Pemex que con la mano en la cintura se pueden gastar 45 millones de pesos en una fiesta de XV años o entre los Epigmenios Ibarra, a quien le regaló 150 millones de pesos nomás por ser un buen compañero (adulador).
Y que ni se les ocurra mencionar el dineral del huachicol fiscal o de Segalmex, porque esa lana es sagrada, intocable. Es su guardadito, pues.
Oiga, don Andrés Manuel, por qué no se le ocurrió armar una vaquita para los niños con cáncer que no tenían medicamentos oncológicos?, ¿o para las madres buscadoras?, ¿o para los miles de enfermos mentales a los que les cerraron los hospitales psiquiátricos?, ¿o para las mamás solteras que se quedaron sin instancias infantiles?, ¿o para los niños genio mexicanos que de no haber sido por el cineasta Guillermo del Toro no hubieran ido a la Olimpiada de Matemáticas de Sudáfrica en 2019?, ¿o para los millones de agricultores y ganaderos que fueron devorados por la sequía del 2023? ¿Acaso ellos no valen lo mismo que el pueblo de Cuba y por eso fueron totalmente olvidados durante su sexenio?
¡No se vale!
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