Escena del Crimen. Una muerte más pone bajo la lupa al Reclusorio Oriente. Por Gerardo Jiménez

Escena del Crimen. Una muerte más pone bajo la lupa al Reclusorio Oriente. Por Gerardo Jiménez

La muerte volvió a cruzar las puertas del Reclusorio Preventivo Varonil Oriente. Esta vez no fue consecuencia de una riña entre internos, de un arma hechiza o de alguno de los episodios de violencia que durante años han acompañado la historia de los penales capitalinos.

La víctima ni siquiera estaba presa. Areli Guadalupe ingresó la tarde del martes al Reclusorio Oriente, en Iztapalapa, acompañada por su madre y su hija. Acudió como visitante para convivir con una persona privada de la libertad y, de acuerdo con la información proporcionada por las autoridades, durante su estancia comenzó a sentirse mal.

Dijo que le faltaba el aire. Personal de Seguridad Penitenciaria intervino y coordinó su traslado al servicio médico del penal. Ahí fue valorada y se le practicó un electrocardiograma, pero los médicos determinaron que ya no tenía signos vitales.

Su madre y su hija informaron a las autoridades que Areli padecía hipertensión y que apenas un día antes se había sometido a una liposucción.

Será la necropsia y no la especulación la que deberá establecer qué provocó su muerte y si existe alguna relación con aquella intervención quirúrgica. La Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México deberá determinarlo.

Pero la muerte de una visitante dentro de un centro penitenciario vuelve inevitablemente la mirada hacia un sistema carcelario que durante los últimos meses ha acumulado episodios que merecen algo más que comunicados institucionales.

En julio de 2025, en este mismo espacio advertimos sobre una posible purga dentro del Sistema Penitenciario capitalino. En ese momento acababa de asumir César Viloria la dirección del Reclusorio Oriente y fuentes consultadas por esta columna advertían que los movimientos respondían a una evaluación de fondo de las cárceles ante hechos de violencia, presuntos actos de extorsión y muertes registradas dentro de los centros.

Entre los casos documentados entonces estaba precisamente el Reclusorio Oriente: un interno murió después de ser atacado con un objeto punzocortante.

El problema no terminaba ahí. En aquella entrega también dimos cuenta de denuncias sobre presuntos actos de autogobierno en el Centro Varonil de Seguridad Penitenciaria 1, donde internos supuestamente controlaban la renta de teléfonos celulares, venta de droga, llamadas, visitas extraordinarias y otros privilegios.

En agosto de ese mismo año volvimos al tema después de que el subsecretario del Sistema Penitenciario, Andrés Ponce Aceituno, calificara como casos aislados algunos episodios relacionados con muertes y extorsiones en las cárceles capitalinas.

Un año después, la violencia volvió a alcanzar al personal penitenciario fuera de los muros.

El 28 de julio pasado, un custodio adscrito a la Subsecretaría del Sistema Penitenciario fue asesinado a balazos en la colonia Bellavista, también en Iztapalapa. Dos hombres en motocicleta lo interceptaron alrededor de las 7:30 horas y le dispararon directamente. La investigación quedó en manos de la Fiscalía capitalina.

Ahora el nombre es Areli Guadalupe. Su muerte, hasta donde se conoce, no tiene relación con aquellos episodios criminales. Y sería irresponsable intentar establecerla. Pero ocurrió dentro de una institución que tiene bajo su responsabilidad no solamente a las personas privadas de la libertad, sino también a trabajadores y a miles de familiares que cruzan sus controles para ingresar como visitantes.

Areli entró al Reclusorio Oriente para realizar una visita. Nunca volvió a salir con vida. Su muerte abre otra línea que no debe perderse: la intervención estética a la que, según sus familiares, se sometió un día antes.

Si la necropsia establece alguna relación entre el procedimiento y su fallecimiento, la investigación tendrá que salir de los muros del Reclusorio Oriente y llegar hasta la clínica y el médico que realizaron la liposucción.

Entonces habrá que saber dónde fue operada, en qué condiciones recibió el alta, qué seguimiento posoperatorio se le indicó y si el establecimiento cumplía con las autorizaciones sanitarias correspondientes.

Primero, que hablen los peritos.

@Santomitote

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