Escena del Crimen. Seis meses bajo la mira del tirador de Atlixcáyotl. Por Gerardo Jiménez
El escenario cambia de lugar todos los días, las víctimas jamás se conocen entre sí y un francotirador convierte una de las vialidades más transitadas en un campo de tiro. Durante seis meses, la Vía Atlixcáyotl de Puebla dejó de ser únicamente un corredor de desarrollo urbano para transformarse en una ruta donde cualquiera podía convertirse en blanco de una bala.
No hubo un móvil económico, una disputa criminal ni una venganza identificable. Bastaba conducir por esa carretera para entrar, sin saberlo, en la mira de un hombre que, de acuerdo con la investigación de la Fiscalía de Puebla, elegía a sus víctimas completamente al azar. Desde puentes peatonales o puntos elevados esperaba el momento oportuno para disparar armas de distintos calibres y desaparecer entre el tránsito.
La captura de Rafael “N”, empresario farmacéutico español de 65 años, pone fin —al menos en apariencia— a una historia que durante medio año sembró incertidumbre entre automovilistas y motociclistas. Sin embargo, también abre una pregunta incómoda: ¿cómo fue posible que un presunto francotirador operara durante tanto tiempo en una de las vialidades más vigiladas de Puebla?
La investigación revela un comportamiento metódico. Utilizaba una camioneta GMC Denali blanca, sin placas, modificaba horarios y recorridos para evitar patrones y elegía distintos puntos de ataque. Esa movilidad dificultó su identificación, pero también evidenció las limitaciones de los sistemas de videovigilancia e inteligencia para detectar una amenaza que dejó, al menos, once agresiones documentadas.
La escena más brutal ocurrió cuando un conductor que circulaba con su familia recibió un disparo que atravesó el parabrisas. La bala impactó a un menor de edad, quien sufrió heridas de gravedad y tuvo que ser trasladado de urgencia a un hospital.
El vehículo quedó detenido sobre la vialidad con los cristales destrozados, los padres intentando contener la hemorragia de su hijo mientras otros automovilistas buscaban refugio sin comprender de dónde provenían los disparos. Aquel episodio convirtió una carretera cotidiana en un espacio de terror colectivo.
No fue un hecho aislado. Cada nuevo ataque alimentaba versiones sobre un tirador oculto, mientras las víctimas acumulaban daños materiales, lesiones y un miedo difícil de medir en estadísticas. La violencia aleatoria produce un efecto distinto al de otros delitos: destruye la sensación de seguridad más elemental porque elimina cualquier lógica de selección. Nadie sabe quién será el siguiente.
El desenlace también estuvo marcado por la violencia. Durante el cateo realizado en un exclusivo fraccionamiento de San Andrés Cholula, el sospechoso presuntamente abrió fuego contra agentes de la Fiscalía, la Secretaría de Seguridad Pública y elementos de la Defensa Nacional. El enfrentamiento terminó con su captura y con nuevas imputaciones por tentativa de homicidio contra servidores públicos.
La detención representa un logro operativo, pero no debe ocultar el verdadero saldo del caso. Durante seis meses un hombre convirtió una vialidad estratégica en un polígono de tiro improvisado. Once ataques fueron necesarios para cerrar el cerco.
La escena del crimen nunca estuvo en un puente, en un vehículo o en un domicilio cateado. La escena fue toda la Vía Atlixcáyotl: kilómetros de asfalto donde miles de ciudadanos circularon sin imaginar que, desde algún punto elevado, alguien ya había decidido apretar el gatillo.
EVIDENCIAS
Jorge Octavio N, identificado públicamente como el hombre detenido por la agresión contra una recepcionista en la Ciudad de México, también ha sido mencionado en otros episodios de alto impacto mediático. Su nombre apareció en los narcovolantes arrojados desde avionetas en Sinaloa, en los que se formulaban acusaciones contra el gobernador Rubén Rocha Moya y otras personas por presuntos vínculos con el crimen organizado.
Asimismo, diversas publicaciones en redes sociales y versiones difundidas en medios de comunicación lo han relacionado con el grupo de influencers encabezado por Markitos Toys, identificado por distintos reportes periodísticos como cercano a los hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán.
X: @Santomitote
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