Escena del Crimen. La indignación por los feminicidios sale de las universidades. Por Gerardo Jiménez
Hace seis meses advertimos en este espacio que la violencia había vuelto a tocar las puertas de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM). Entonces fueron los feminicidios de Karol Gómez Toledo y Kimberly Ramos Beltrán, dos estudiantes asesinadas con menos de 48 horas de diferencia.
Hoy hay que volver al mismo punto. Solo que esta vez la indignación amenaza con desbordar los límites de un campus y convertirse en un problema para el gobierno federal.
En Palacio Nacional ya observan con preocupación los movimientos que comienzan a gestarse entre comunidades académicas de distintas partes del país. Nos cuentan que estudiantes y universitarios analizan una movilización conjunta para protestar por los recientes asesinatos de jóvenes que salieron de sus casas para estudiar y nunca regresaron.
La protesta podría alcanzar a por lo menos 50 instituciones públicas y privadas del país. El detonante más reciente tiene nombres.
Uno de ellos es Claudia Tacoronte Aguilera, española de 21 años que llegó a México para realizar una estancia académica en la UAEM. Fue asesinada el 12 de septiembre en Cuautla, Morelos.
Su muerte volvió a encender una comunidad universitaria que apenas unos meses antes había salido a las calles por otras estudiantes asesinadas.
Karol, Kimberly, Michelle, Aylin y ahora Claudia forman parte de una lista que los propios universitarios de Morelos han comenzado a reconstruir.
El 15 de septiembre, cientos de estudiantes marcharon desde el campus Chamilpa de la UAEM hacia el centro de Cuernavaca. Hubo enojo, pintas y destrozos en Palacio de Gobierno. Un día después, durante el desfile cívico-militar, universitarias irrumpieron en el recorrido y se tendieron sobre el pavimento para representar a las mujeres asesinadas.
No fue una protesta improvisada. Fue la acumulación de agravios. Y mientras Morelos ardía en reclamos, en Jalisco aparecía otro nombre. Karla Margarita Pérez Jiménez, de 22 años, estudiaba Medicina. Había desaparecido el 14 de septiembre en Zapopan. Dos días después fue encontrada muerta en un sembradío.
Su familia y amigos marcharon el jueves pasado en Irapuato, Guanajuato, su ciudad de origen.
“¡No estamos todas, nos falta Karla!”, gritaron.
La frase empieza a unir historias ocurridas a cientos de kilómetros de distancia. Ese es precisamente el problema que podría enfrentar el gobierno federal.
Hasta ahora, cada asesinato ha sido investigado dentro de los límites de una fiscalía estatal, una universidad y una comunidad afectada. Pero cuando los nombres comienzan a acumularse y las comunidades universitarias descubren que el miedo que sienten en Morelos también existe en Jalisco, Guanajuato o la Ciudad de México, los expedientes dejan de ser historias aisladas.
Se convierten en una causa. Las universidades lo están entendiendo.
La propia Universidad Autónoma Metropolitana, que este año también padeció el feminicidio de una de sus alumnas, Cielo Beanjy López Cortés, condenó públicamente el asesinato de Claudia y lanzó una advertencia que debería escucharse más allá de los rectorados: realizar una estancia académica lejos de casa no puede convertirse en una condición de mayor vulnerabilidad.
Ese es el punto. Una universidad puede reforzar accesos, instalar cámaras, acompañar a sus estudiantes o modificar protocolos. Pero difícilmente puede protegerlos cuando abandonan el campus y entran a una ciudad donde operan delincuentes, desaparecen mujeres y se acumulan homicidios.
Lo escribimos en marzo y seis meses después la pregunta sigue vigente:
¿quién protege a los estudiantes cuando salen de la universidad?
Ahora la respuesta ya no la están esperando solamente las familias de Karol, Kimberly, Claudia o Karla. Podrían comenzar a exigirla estudiantes de decenas de universidades del país.
Y cuando una protesta deja de pertenecer a un campus y empieza a conectar universidades, ciudades y víctimas, el problema cambia de dimensión.
Eso es justamente lo que parece comenzar a ocurrir. La indignación está saliendo de las aulas.
Y esta vez podría llegar hasta Palacio Nacional.
X: @Santomitote
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