Escena del Crimen. El Mundial de los 80 mil policías. Por Gerardo Jiménez

Escena del Crimen. El Mundial de los 80 mil policías. Por Gerardo Jiménez

Cuando el árbitro dio el silbatazo inicial del Mundial 2026, millones de ojos están puestos sobre la cancha del Estadio Azteca. Sin embargo, el partido más complejo no se jugará entre once futbolistas, sino en las calles de la Ciudad de México, donde una de las mayores movilizaciones policiales de su historia intentará garantizar que la fiesta global no termine convertida en una pesadilla de seguridad.

El secretario de Seguridad Ciudadana, Pablo Vázquez Camacho, encabeza un despliegue sin precedentes de 56 mil 320 elementos para resguardar estadios, zonas hoteleras, corredores turísticos, estaciones de transporte y el FIFA Fan Festival instalado en el Zócalo capitalino. La cifra es impresionante por sí sola, pero adquiere otra dimensión cuando se observa el tamaño real de la fuerza disponible.

La Secretaría de Seguridad Ciudadana cuenta con un estado de fuerza superior a los 80 mil integrantes distribuidos entre la Policía Preventiva, la Policía Bancaria e Industrial y la Policía Auxiliar. En otras palabras, más de la mitad de la capacidad operativa de la corporación estará involucrada directa o indirectamente en el blindaje de la ciudad durante la justa deportiva.

La magnitud del dispositivo recuerda más a una operación de seguridad nacional que a la cobertura de un evento deportivo. Las autoridades estiman la llegada de alrededor de cinco millones de visitantes nacionales y extranjeros. Se trata de una población flotante equivalente a varias ciudades mexicanas concentrada en pocas semanas dentro de una metrópoli que ya enfrenta diariamente enormes desafíos de movilidad, orden público y delincuencia. Sin olvidar la efervescencia social que estamos padeciendo en las calles con marchas, plantones y cierres viales.

Para enfrentar ese escenario se ha diseñado un esquema de seguridad por capas. La primera corresponde a la Policía Preventiva, responsable de los cuadrantes, patrullajes, vigilancia en zonas de alta concentración y tareas de contención social. La segunda descansa en la Policía Bancaria e Industrial y la Policía Auxiliar, corporaciones que reforzarán la protección institucional, los inmuebles estratégicos y los espacios de afluencia masiva.

Pero el verdadero músculo del operativo se encuentra en las unidades especializadas. Ahí aparecen los agrupamientos de élite de la corporación: Fuerza de Tarea, mejor conocida como los Zorros, y la Unidad Metropolitana de Operaciones Especiales (UMOE).

Se trata de grupos integrados por cientos de elementos altamente capacitados para operaciones de alto riesgo, neutralización de amenazas, intervenciones tácticas, rescate de rehenes y manejo de explosivos. Ya hubo un caso en el que intervinieron: el hallazgo de 60 explosivos en un camión presuntamente en el que viajaban manifestantes de Guerrero.

Su sola presencia revela que las autoridades contemplan escenarios que van mucho más allá de la seguridad convencional de un partido de futbol. La experiencia internacional ha demostrado que los grandes eventos deportivos se han convertido en objetivos potenciales para grupos criminales, organizaciones dedicadas al fraude masivo, redes de reventa ilegal e incluso amenazas de carácter terrorista.

A ello se suma el denominado protocolo de “Última Milla”, que implica cierres viales, filtros de revisión y la construcción de burbujas de seguridad alrededor del Estadio Azteca. Más de siete mil 700 agentes de tránsito tendrán la misión de impedir que el colapso vehicular se convierta en un problema de seguridad pública.

La otra gran apuesta es tecnológica. Drones, Inteligencia Artificial, monitoreo en tiempo real, videovigilancia avanzada y reconocimiento facial serán utilizados para detectar riesgos, identificar sospechosos e inhibir actividades ilícitas antes de que ocurran. La ciudad busca transitar de un modelo reactivo a uno preventivo sustentado en información y análisis de datos.

Sin embargo, el Mundial también abre una interrogante inevitable. Si la capital puede desplegar decenas de miles de policías, tecnología de punta y coordinación con Ejército, Marina y Guardia Nacional para proteger un evento internacional, ¿qué parte de esa capacidad permanecerá cuando los turistas regresen a sus países y las cámaras del mundo se apaguen?

La verdadera herencia del Mundial 2026 no debería medirse únicamente en goles, derrama económica o fotografías para la posteridad. El éxito consistirá en demostrar que la infraestructura humana, tecnológica y operativa construida para blindar la ciudad puede convertirse después en una herramienta permanente para combatir la delincuencia cotidiana.

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