Escena del Crimen. Cae El Irving, pero la plaza sigue en disputa. Por Gerardo Jiménez

Escena del Crimen. Cae El Irving, pero la plaza sigue en disputa. Por Gerardo Jiménez

La captura de El Irving, uno de los presuntos líderes de Los Tanzanios, vuelve a exhibir una constante del mapa criminal capitalino: los nombres y jefes cambian, pero la disputa por la droga, la extorsión y el territorio permanece.

La camioneta blanca avanzaba por Calzada de Tlalpan cuando los policías observaron algo que llamó su atención: uno de sus ocupantes manipulaba lo que parecía ser un arma de fuego.

El seguimiento terminó en las calles Napoleón y Miguel de Cervantes Saavedra, en la colonia Moderna, alcaldía Benito Juárez. Adentro viajaba Irving Ricardo, El Irving, identificado por las autoridades como uno de los líderes de Los Tanzanios.

Junto con él fueron detenidos El Perico y otro hombre. En la revisión aparecieron un arma de fuego, cuatro cartuchos útiles, cocaína, metanfetamina, mariguana, teléfonos celulares y dinero.

Una captura más dentro de la larga lista de objetivos prioritarios detenidos en la Ciudad de México.

Pero también otra fotografía de un problema mucho más complejo.

Porque mientras la policía captura jefes, operadores y distribuidores, el mapa criminal de la capital cambia de nombres, se divide, se reorganiza y vuelve a ocupar los espacios que dejan las estructuras golpeadas.

En 2019, investigaciones de inteligencia de la entonces Policía de Investigación tenían identificada la presencia de cuatro grandes organizaciones en territorio capitalino: La Unión Tepito, el Cártel Jalisco Nueva Generación, el llamado Cártel Nueva Generación Tepito y el Cártel de Tláhuac.

Alrededor de ellas se movían por lo menos 16 grupos: Los Rudos, La Güera y Tacoya, Lenin Canchola, Muro, Cambrón, Cara de Cerdo, El Galleta, Los Rodolfos, El Canelo, El Catrín, El Pancho, El Virus, Gota a Gota, La Empresa, Los Rychis y Pancho El Perro.

Su territorio abarcaba entonces, por lo menos, seis alcaldías. Iztapalapa encabezaba el mapa con nueve agrupaciones identificadas; Gustavo A. Madero tenía siete, mientras La Unión Tepito extendía su influencia más allá de la zona centro hacia puntos de Álvaro Obregón y Tlalpan.

Lo verdaderamente preocupante era la violencia generada alrededor de esas disputas. Entre el 1 de julio y el 21 de agosto de 2019 se registraron 205 víctimas de homicidio doloso en la capital. Las investigaciones ubicaron la participación de grupos criminales en al menos 40 casos: prácticamente uno de cada cinco asesinatos registrados durante ese periodo.

También hubo golpes importantes.

Entre diciembre de 2018 y julio de 2019 fueron presentadas ante el Ministerio Público 457 personas identificadas entonces como integrantes de grupos generadores de violencia o vinculados con el narcomenudeo. Hubo decomisos de drogas, armas y dinero.

El problema es que detener integrantes no necesariamente significa destruir el negocio. Siete años después, la captura de El Irving permite observarlo.

Los Tanzanios no figuraban entre aquellas 16 organizaciones enumeradas en el mapa criminal de 2019 y, sin embargo, hoy las autoridades les atribuyen actividades de extorsión, secuestro, cobro de piso y narcomenudeo, principalmente en Iztapalapa e Iztacalco.

Y el golpe contra ellos no comenzó ayer. El 14 de julio fue detenido en Iztapalapa Nicolás Enrique García, El Nico, identificado como fundador de Los Tanzanios. Poco más de dos meses después cayó El Irving.

Dos presuntos dirigentes fuera de circulación en poco tiempo.

La pregunta policiaca, sin embargo, comienza precisamente después de la fotografía de los detenidos:

¿Quién ocupará su lugar?

Porque ésa ha sido una de las constantes de la criminalidad capitalina: cae un jefe, pero la estructura económica permanece. El punto de venta de droga sigue teniendo clientes; el comerciante continúa siendo susceptible al cobro de piso; las rutas de distribución conservan valor y el territorio no deja de ser codiciado porque un líder entre a prisión.

Entonces aparecen segundos mandos, antiguos operadores o células que se independizan. El vacío también se disputa.

Eso explica por qué el mapa delincuencial de la Ciudad de México no puede medirse únicamente contando organizaciones desarticuladas. Debe medirse observando qué ocurrió después en las colonias donde operaban.

La captura de El Irving representa un golpe policial relevante contra Los Tanzanios. Pero la verdadera desarticulación comenzará cuando las autoridades puedan impedir que otro nombre aparezca mañana para ocupar su silla.

Porque en el crimen organizado de la Ciudad de México los apodos cambian con enorme facilidad. Las plazas, en cambio, casi nunca quedan vacías.

X @Santomitote

El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista