Escena del Crimen. 93 años no le devolverán a su madre. Por Gerardo Jiménez
Todo sucedió dentro de una casa de San Andrés Mixquic. Era la noche del 26 de octubre de 2024. Los gritos de una discusión hicieron que una adolescente de 16 años saliera de su habitación. En el patio encontró a su madre tendida en el suelo, con la ropa manchada de sangre. Cerca estaba su padre.
Los reportes periodísticos publicados entonces identificaron a la mujer como Judith, de 38 años, y a su hija como Andrea. La adolescente preguntó qué había ocurrido. La respuesta que habría recibido de su padre fue tan brutal como absurda: la acusó de una supuesta infidelidad.
Judith tenía heridas de arma blanca en el pecho.
Andrea pidió ayuda.
Aquella llamada terminó siendo una de las piezas fundamentales para que, casi dos años después, Gregorio “N” recibiera una de las condenas más altas dictadas recientemente por feminicidio en la Ciudad de México: 93 años y cuatro meses de prisión.
Cuando policías llegaron al domicilio, Gregorio todavía se encontraba ahí. Los primeros informes indicaron que tenía 45 años. No huyó. Los agentes encontraron un cuchillo que posteriormente formaría parte de los peritajes y lo detuvieron en flagrancia.
Los paramédicos ya no pudieron hacer nada por Judith.
La hija que minutos antes había escuchado discutir a sus padres quedó convertida, de golpe, en víctima indirecta de un feminicidio y en la persona cuya llamada permitió que el responsable no escapara.
Cinco días después, Gregorio fue vinculado a proceso.
Desde entonces comenzó otra historia, mucho menos visible que la cinta amarilla, las patrullas y las fotografías del lugar del crimen: la construcción de un expediente.
Entrevistas con familiares, declaraciones de los policías que realizaron la captura, criminalística, fotografías, medicina forense, mecánica de hechos, análisis de lesiones y el estudio del cuchillo utilizado aquella noche.
El pasado 25 de agosto, un Tribunal de Enjuiciamiento finalmente declaró responsable a Gregorio “N” por feminicidio agravado.
La sentencia: 93 años y cuatro meses de cárcel. También deberá pagar un millón 516 mil 672 pesos por indemnización, gastos funerarios y reparación del daño moral.
La cifra impresiona.
Pero hay algo incómodo detrás de cualquier condena por feminicidio: podemos contar años de prisión, millones de pesos de reparación, carpetas de investigación y sentencias, pero ninguna de esas cantidades devuelve a una mujer asesinada a su casa.
Ni devuelve a una adolescente a la noche anterior al crimen. La sentencia de Mixquic sí tiene, sin embargo, un significado judicial importante.
En abril de este mismo año, la Fiscalía capitalina presumía sentencias por feminicidio de 52 y 70 años. Los 93 años y cuatro meses impuestos a Gregorio se colocan claramente en la parte alta de las penas recientes.
No son, sin embargo, el récord.
En diciembre de 2024, José Luis Galicia fue condenado a 105 años de prisión por el feminicidio de Karen Itzel Rodríguez Barrales, una estudiante de Odontología del Instituto Politécnico Nacional de 26 años que desapareció en mayo de 2022 cuando supuestamente había salido a realizar trámites relacionados con su tesis. Su esposo participó incluso en la búsqueda antes de que la investigación lo señalara como responsable.
Dos casos ocurridos en Tláhuac.
Dos mujeres asesinadas por sus parejas.
Dos familias convertidas en víctimas.
Y dos sentencias superiores a nueve décadas.
Ahí está quizá la numeralia que verdaderamente debería preocuparnos. Porque medir la eficacia de la justicia únicamente por la cantidad de años impuestos puede producir una fotografía engañosa. Una condena de 93 años habla de un Tribunal que consideró acreditado un crimen particularmente grave. Pero la pregunta de fondo sigue siendo cuántos feminicidios llegan a ese punto.
¿Cuántos responsables son detenidos? Y cuánto tiempo deben esperar las familias.
En Mixquic existió una circunstancia determinante: Gregorio fue detenido prácticamente en la escena del crimen. Había una víctima, un arma, familiares, policías que intervinieron inmediatamente y una adolescente que pidió ayuda. No todos los feminicidios llegan a la Fiscalía con una ruta probatoria tan directa.
X: @Santomitote
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