El Bastión. Taddei, con el INE a sus pies. Por Julián Andrade

El Bastión. Taddei, con el INE a sus pies. Por Julián Andrade

Guadalupe Taddei no es una anomalía: es el reflejo de políticos que llegaron al cargo para medrar.

Quizá ella misma esté sorprendida por el escándalo que ahora la cubre y debilita, porque ha sido una funcionaria disciplinada, apegada al guion destructivo que le dictaron desde Palacio Nacional.

López Obrador celebró su llegada a la presidencia del INE porque ella garantizaba barrer con la independencia de la autoridad electoral.

Taddei, nadie puede negarlo, se ha esmerado en que la degradación del INE se convierta en normalidad.

Su problema, en todo caso, consistió en meterse con quien no debía: de su entorno cercano salieron los misiles que dieron a conocer una falta de pulcritud en las contrataciones, marcadas por el conflicto de intereses y probablemente la corrupción. Son hechos que sorprenden, incluso para los laxos parámetros de la 4T.

Se quede o se vaya, el daño que ya le hizo al INE es inmenso. Durante el periodo de transición y consolidación democrática, nunca una presidencia del Consejo General estuvo en entredicho de esa forma, porque la honorabilidad se daba por descontada, y las diferencias tenían que ver con el modelo democrático, no con las contrataciones.

Se privilegió, en el pasado, la designación de personajes con trayectoria, respaldados siempre por mayorías construidas de la mano de la oposición.

Así llegaron José Woldenberg, Luis Carlos Ugalde, Andrés Albo (con carácter de interino), Leonardo Valdés y Lorenzo Córdova.

Las tómbolas, ya se ve ahora, no son la forma adecuada de definir designaciones que tienen una importancia clave para el sistema democrático.

Pero Taddei, más allá de los azares del destino, contaba con el apoyo de Alfonso Durazo, gobernador de Sonora y presidente del Consejo Nacional de Morena.

En esta ocasión, aunque lo intenten, no pueden achacar culpas al pasado “neoliberal” ni a la derecha, lo que ocurre en el INE es responsabilidad política de quienes ahora tienen el poder. Ante esto, no hay escapatoria alguna.

Sí, le dejaron a Taddei el INE a sus pies, y las consecuencias son, por lo pronto, una crisis a 223 días de la elección de 17 gubernaturas, 500 diputaciones federales y 19 mil cargos en juego en los distintos niveles de gobierno.

Taddei había dicho que se quedaría, que los escándalos terminarán por enfriarse y que “protegería”, con su permanencia, al instituto. Una realidad alterna, en medio de la tormenta.

El domingo por la tarde rindió la plaza y presentó su renuncia. La presidencia del INE quedó vacante y les toca a las fuerzas políticas designar al relevo.

Ojalá vuelva el consenso a la Cámara de Diputados, sería lo mejor para todos.

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