DISCURSO DE BEATRIZ PAREDES EN LA CÁMARA DE DIPUTADOS, CON MOTIVO DEL “CONVERSATORIO DE PRESIDENTAS DE LA CÁMARA DE DIPUTADOS”
05 DE MARZO DE 2026
Felicito la iniciativa de la Diputada Kenia López Rabadán, de llevar a cabo este Encuentro y agradezco su amable convocatoria.
Es un honor compartir con las Legisladoras aquí presentes, a las que valoro en su dimensión exacta y aquilato las aportaciones que hicieron al país en su momento, las que están haciendo, cuando tuvieron, cada una de Ustedes, la oportunidad de dejar su huella en el tiempo histórico que les ha tocado vivir. Mi reconocimiento.
A mí me gusta el Poder Legislativo. Es el Poder en donde encuentro que se proyecta con mayor nitidez mi personalidad. Soy una demócrata, aprecio que las decisiones sean colegiadas. No creo en el Poder unipersonal. Pienso que son necesarios los equilibrios. Valoro moverme entre Pares y que sea la razón la que finalmente impere.
Me formé a la vera de un gran Legislador, Emilio Sánchez Piedras, quien fue el Líder de la Cámara en la época del Presidente López Mateos. Fui Diputada local, Presidenta del Congreso y Coordinadora de la mayoría parlamentaria en Tlaxcala, en el primer trienio de su Gobierno. Desde el ámbito local, con las limitaciones inherentes a nuestra realidad, aprendí la significación del Federalismo, y tuve la certeza de la necesidad de contribuir a su ampliación y vigencia plena. En el caso de Don Emilio, tenía la plena convicción de que un Poder Legislativo autónomo y con personalidad propia, enriquece la función del Estado y el prestigio de la política.
En la LI Legislatura Federal, Primera Cámara de la Reforma Política derivada de la LOPPE de 1977, tuve el honor de ser Presidenta en el primer mes del ejercicio de la Legislatura. Situación histórica, por lo que significó para la apertura democrática, para la transición y para el inicio de una nueva etapa de la vida política del país.
Desde entonces, soy una convencida de la necesidad de la representación proporcional, de la sana convivencia entre minorías y mayorías, de la vocación por generar consensos, para que, no obstante las diferencias, se puedan construir armonías entre los contrarios que, no exentas de tensiones, empujen hacia adelante el avance democrático y la conciliación nacional. Recuerdo con gratitud a Don Luis N. Farías, Líder de mi bancada.
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En la LIII Legislatura, ocasión en que también presidí la Cámara, pude justipreciar el valor del Poder Legislativo en otra de sus facetas: la de espacio de contención y encausamiento de grandes problemas sociales. Así fue, con la atención que los Legisladores brindaron a los miles de personas que fueron afectados por el sismo del 19 de septiembre de 1985. Esa Legislatura, al escuchar a los damnificados y convertirse en correa de transmisión fidedigna de sus necesidades ante el Ejecutivo, jugó un papel relevante en el encuentro de soluciones innovadoras para resolver la crisis de vivienda, de servicios y generar una nueva visión de desarrollo urbano que necesitaba la Ciudad de México. Grandes iniciativas pasaron por la LIII.
Pero, quizá, el momento más aleccionador de mi vida parlamentaria en la Cámara de Diputados fue cuando tuve el privilegio de presidir el Órgano de Gobierno, Coordinar la mayoría parlamentaria y Presidir la Cámara de Diputados en la LVIII Legislatura.
Era el año 2000, y por vez primera, en natural secuencia de la transición democrática, el Partido de mi militancia había perdido la Presidencia de la República. Me tocaba encabezar a la oposición. Comprender el tiempo histórico que atravesaba el país. Anteponer los intereses del Estado Mexicano, el papel que se requería del Poder Legislativo para coadyuvar a la gobernanza democrática en beneficio de todas y todos nuestros compatriotas, por encima de los intereses de mi Partido y, desde luego, muy por encima de reyertas, venganzas y posiciones muy menores que a veces afloran en los momentos difíciles.
Se trataba de darle viabilidad a la transición democrática, al Estado de Derecho que desde mi Partido habíamos construido y transformado. Se trataba de que una Cámara de Diputados plural, en la que el Partido del Presidente no tenía la mayoría, demostrara que los mexicanos podemos convivir en democracia y, pese a las diferencias, cumplir con nuestras responsabilidades políticas e impulsar el desarrollo de México. De no convertirnos en dique, sino en cauce. Agradezco a Dulce María Sauri, Presidenta del PRI en ese entonces, su comprensión y apoyo.
Aprecio que, en aquella época, hubo una genuina disposición al diálogo en los Coordinadores Parlamentarios de los otros Partidos que convivían aquí en la Cámara.
Desde luego, hubo momentos luminosos y momentos oscuros. Hubo calidad y disposición en todas y todos los Legisladores. Mi gratitud imperecedera.
De los momentos notables:
La presencia del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, expresándole al país su verdad, desde la Tribuna de la Cámara.
La creación del Instituto Nacional de la Mujer, como una iniciativa que surgió del Poder Legislativo, de las Legisladoras de todos los Partidos, demostrando lo que cuando las mujeres Diputadas se unen, independientemente de sus ideologías, alcanzan superiores objetivos.
De los momentos difíciles:
La irrupción violenta al Recinto Parlamentario y la compleja negociación para recuperar nuestro espacio sin requerir a la fuerza pública.
El recurso del “Reloj Parlamentario” para dar oportunidad a concluir a la negociación presupuestal.
¡En fin! Circunstancias y hechos inolvidables. Actitudes que reflejaban la cualidad de las personas.
Otra mujer, con enorme experiencia legislativa, que para entonces estaba en el liderazgo de la Asamblea del Distrito Federal, me dio siempre su respaldo, María de los Ángeles Moreno.
Señoras y Señores:
La vida – ese instante de luz entre dos sombras –, a veces te regala la oportunidad, por algunos minutos, de intentar trascender.
Esa, es la característica del Poder Legislativo, la trascendencia. La Ley trasciende, repercute en la vida de las sociedades, en la arquitectura de las naciones, en el destino de los pueblos. La Ley es el instrumento de las sociedades humanas para normar su convivencia y su capacidad de existir, transformando al mundo, descubriendo Universos.
Tal vez, por eso aprecio haber sido Legisladora, porque permitió que mi individualidad, mínima y pequeña como lo son todas las individualidades, se fundiera con una colectividad política y, legislando, coadyuvara al destino de grandeza que debe alcanzar nuestra Patria y avanzáramos un poco, en la larga marcha para conquistar la plena democracia, en la que se ha empeñado y se empeña lo mejor de nuestra civilización.
Estimada Presidenta, Kenia López Rabadán.
Colegas:
Gracias a todas y todos los invitados especiales que están aquí.
En esta oscura hora del mundo, donde parece que la desmemoria obnubila a los liderazgos belicistas, un Evento como este es alentador.
Gracias, Kenia, por recordarnos que el diálogo en la pluralidad, es la llave maestra para preservar la paz y seguir construyendo la democracia.
Me pronuncio, desde luego, enérgicamente, por la paz, la recuperación de la paz y el respeto al Derecho Internacional. Desde la civilidad del Congreso Mexicano, ello me parece indispensable.
Concluyo, como lo hice como Presidenta del Congreso de la Unión, ese 1º de septiembre de 2001:
“Fieles, cada quien, a sus orígenes; leales a las ideologías y proyectos históricos que a cada uno han dado sustento, sin renunciar a la crítica, al debate, al antagonismo legítimo y consustancial a toda democracia, debemos tener la capacidad de transitar el siglo XXI, construyendo.
La oportunidad existe; existe, también, el riesgo.
Dependerá de imaginación, consistencia y valor. Dependerá, en fin, de nuestro amor a México.
Creo, con Carlos Pellicer:
La Patria necesita aquellos hombres y mujeres, que le hagan ver la tarde sin tristeza. Hay tanto y lo que hay es para pocos. Se olvida que la Patria es para todos. Si el genio y la belleza entre nosotros fue tanto y natural, que el recuerdo del hombre de otros días nos comprometa para ser mejores.
La Patria debe ser nuestra alegría y no nuestra vergüenza por culpa de nosotros. Es difícil ser buenos.
Hay que ser héroes de nosotros mismos.”